Teoría económica para la vida

Tres palabras: utilidad marginal decreciente. Supongamos que estás hambriento y no tienes manzanas. Te doy una estupenda que sabe exactamente como a tí te gusta. ¿Está rica, eh? Vale, ahora te doy otra. Según tu apetito te la comerás ahora o la dejarás para luego. Vale, ahora te doy otra manzana. Esa, salvo que vengas de una maratón, la llevarás a la despensa, por si acaso. Cuando llegue a la manzana número 3.597 seguro que piensas en compartirla, venderla o transformarla.

A tí esa última manzana, no te sirve para nada, es más, molesta. Y sin embargo la primera que recibiste te fue muy útil. Cada siguiente manzana te era menos y menos útil, hasta que llega un momento en que no te sirve para nada.

Buscando tu montón de inutilidad

Hace tiempo descubriste algo que te gustaba mucho. Pongamos que sea, por un decir, zapatos o cuadernos bonitos o móviles o lápices. El primero que compraste seguro que te fue muy útil. Pero seguro que si ya tienes treinta y siete pares de zapatos, el número 38 no te va a ser muy útil. Y podría seguir buscando ejemplos y tu me podrías responder ¿y qué importa si tengo un montón de cosas inútiles?

Poseer cuesta.

Sin ánimo de ser exhaustivo hay tres costes principales que todo objeto, vamos a llamar “normal”, te supone:

  1. Espacio físico, que hay que comprometer para almacenar.
  2. Mantenimiento, Limpieza y Cuidados
  3. Dificultades para organizar y ordenar

Todo esto supone tiempo perdido en cosas inútiles. A veces un niño puede tener tantos juguetes que pasa más tiempo rebuscando en su bául o decidiendo que jugar, que en el mismo juego. A veces uno puede tener tantos proyectos que no sabe cuál emprender. Y es que, hasta los que se pasan el día descargándose películas, no tienen tiempo material para verse ni la mitad y acaban llenando su disco duro de basura. Lo triste es que — si contamos el coste del tiempo — más les hubiera valido alquilar o incluso comprar el original; consideraciones éticas aparte.

Ahora se supone que voy a decir…

Un minimalista normal te hubiera animado a tirar un montón de cosas. Mi consejo es mucho más sencillo, empieza por aquí:

No añadas nada a tu montón de inutilidad.
Si ya tienes trescientos de libros, doscientos de ellos sin leer, deja de comprar más libros. Incluso deja de ir a la biblioteca. Lee. Y si sabes seguro los que no vas a leer, véndelos o regalálos.

Miguel de Luis Espinosa