Publicado en realización personal

¿Cómo sé qué he adquirido un hábito?

Una vez me comentaron que bastaban quince días para la adquisición de los hábitos. Estaba de monitor en un campamento de verano con niños, de los que se llama, o llamaba, en riesgo de exclusión social, en vulgo, que las cosas en casa iban mal, y me trataban de motivar para que los niños se limpiaran los dientes. Lo que está muy bien, dicho sea de paso, pero francamente, la cosa se me antojaba demasiado optimista. Sobre todo porque a mí mismo, y con una madre constantemente recordándomelo, me costó bastante más tiempo.

No voy a jugar a sicólogo, pero me parece que todo va a depender de las circunstancias y deseos de cada uno. No es lo mismo desarrollar el hábito de escribir todos los días, si uno es escritor profesional, aficionado, si está en camino de serlo o si simplemente intenta dar el pego.

En el primer caso, quince días sobran, en el segundo bastan, al tercero le costará bastante más y en cuanto al cuarto, más le vale no lograrlo.

Quizás por eso deberíamos tomar el tiempo, esos quince días de los que me hablaron, el mes que he leído en Zen to Done1

o incluso el año que descubrí en algún blog2, solamente coma una referencia, como una llamada a revisar si, en realidad, hemos adquirido el hábito o no.

Criterios para ver si tenemos el hábito

  1. Frecuencia: ¿lo haces con la frecuencia comprometida? Si te desvías más de un 70%, problema…
  2. ¿Cómo te sientes?: Si lo único que te mueve es la fuerza de voluntad y la motivación externa. Si no corres por el placer de correr, no escribes por el placer de escribir, no estudias por el placer de aprender, etc, problema…
  3. ¿Cómo lo haces?: Si no hay intensidad, si lo haces pero “rapidito”, si solo estás esperando el momento de dejarlo, problema…
  4. ¿Cómo te sientes antes y después? Si te tienes que empujara para hacerlo, si lo vas dejando para el final, si después te sientes culpable, o triste, o que estás perdiendo el tiempo, problema…
  5. ¿Es automático?: ¿Lo haces sin pensar, o tienes que recordártelo?

Si las preguntas anteriores te hacen pensar que el hábito no está consolidado, sonríe, no te culpes de nada y busca soluciones. Sobre todo, intenta que el hábito no sea un “polizón” en tu vida, sino que tenga sentido en ella. Y sobre todo, no es una carrera. Aunque no sea perfecto, cada día haciendo un hábito nuevo es una pequeña victoria, un ladrillo más en la casa que te estás construyendo para toda la vida.


1. Zen to Done, Resumen Extenso
2. Creo que fue en Homo Minimus, pero podría estar equivocado.

Publicado en realización personal, sabiduría

Los hábitos del entorno

Durante mucho tiempo he creído que podemos hacer muy poco por los hábitos de nuestro entorno. En otras palabras tenemos, más o menos, el control sobre nuestras propias acciones: de suerte que con voluntad y la técnica adecuada podemos ir eliminando hábitos desfavorables y adquirir hábitos mejores. Sin embargo, no tenemos el control sobre las acciones de otras personas, por lo que, salvo que seamos educadores o terapeutas o algo por el estilo, no hay mucho que podamos hacer a ese respecto.

O eso pensaba.

Pero luego me he ido dado cuenta de una cosa: los hábitos forman parte de los vínculos entre la personas. No he hecho nada que se parezca a un experimento científico, pero considerad un momento mi conjetura. Digamos que empiezo a entrar en twitter menos de tres veces al día, por poner algo. Lo lógico es que yo twitee menos y apareciendo menos en twitter genere menos respuestas. Supongamos que me dedico a ver la tele por las tardes, ese tiempo lo quito del necesario para relacionarme con mi familia o escribir en este blog. Como resultado mi familia se relaciona menos conmigo o recibo menos comentarios de vosotros. O digamos que soy un estudiante y dedico tiempo a estudiar más y mejor. Los buenos resultados favorecerán que mis hermanos pequeños hagan lo mismo, no solo por un ejemplo mimético, sino porque se dan cuenta de que funciona.

Hoy me encuentro frecuentemente con la bandeja de entrada de correo en blanco. Como resultado tengo más tranquilidad y sé que no necesito comprobar el correo a cada momento. Aquí no viene tanto como resultado de la relación inter-personal, sino más bien de mi relación con el entorno. Al ir borrando suscripciones a un sinfín de listas de correos y notificaciones varias, me he quedado solo con lo esencial. En cierta manera he “convencido” al correo electrónico para que sea menos _plasta_ conmigo. O digamos otra cosa: si creo el hábito de comer dulces engordaré, el mundo me tratará como gordo y esperará que me gusten los dulces, y me los ofrecerán más, con lo que engordaré más. Si por otro lado me creo fama de que no me gusta gastar dinero –por poner otro ejemplo– la _gente_ irá dejando de ofrecerme comprar cosas raras.

Bueno, pues hasta aquí mi conjetura. Pensadla un poco y ved si la podéis desarrollar.

Publicado en productividad

Un gesto simbólico

El primer paso no sirve para nada. El primer paso es solo un símbolo. El primer paso es todo.

¿Cuántas veces estás intentando hacer ejercicio y lo dejas? ¿Cuántas veces dejas para luego escribir tu novela soñada? ¿Cuántas veces mandas tus sueños al país de nunca jamás? ¿Cuántas veces estás quieto bajo tu mantita esperando que te proteja de los zombies de las películas?

Mientras la vida sigue viviendo sola

Todo (re)nace con un gesto

Un paso, el primer paso es solo un gesto, solo un símbolo, una pura nada. Es como la cruz en el cruce de caminos, un trapo como la bandera, una sonrisa que desaparece en un latido, una sombra, la céntesima de la salida, a cien metros eternos de la meta.

Los símbolos, los gestos son ridículos, ineficacies, no sirven para nada. Antes de correr un minuto estabas tan gordo como ahora. Antes de estudiar una pregunta ibas a sacar la misma nota que ahora.

El símbolo es tan real como la magia.

Y luego desaparece, y se ha ido y ya no está. Y puedes reirte de tí mismo. Porque no, no ha servido para nada.

Lo extraño, lo inesperado, aparece después, quizás al día siguiente, quizás en el ahora mismo; que después de escribir una palabra, correr un minuto, estudiar una pregunta o sonreír un segundo, después de esa nada, viene otro palabra, otro minuto, otra pregunta y otro segundo y entonces, por pura magia, escribes, corres, estudias, sonríes y renacen tus sueños

Un símbolo

Una nada

Tan pequeña que no puedas temer

Ahora

Sí, ahora

Una palabra

Estudia una pregunta

Sonríe

Da un segundo de vida a tu sueño

Quizás sea el comienzo de una nueva esperanza

kestrel

Foto CC -by Eugene Beckes

Publicado en productividad, realización personal, sabiduría

Treta procrastinadora artera y malvada

Tengo otra treta artera y malvada que enseña a emplear la procrastinación en tu beneficio. Esto es, por supuesto, solo con fines educacionales, guiño, guiño, en absoluto querrás emplearlo sobre ti mismo o sobre otro.

Imagina que tienes un pequeño defecto. Digamos visitar páginas web mientras deberías estar trabajando. O comer dulces en vez de mandarinas. Estas luchando contra los dulces, y los dulces van ganando por goleada. Sí, te resistes un poco, para que no se diga, que han ganado sin lucha.

El truquito artero y malvado es decirte a ti mismo que, sí, ya te comerás ese donut, pero “más tarde”, “un poquito más tarde”, “cuando tenga tiempo”, “quizás mañana” y cosas así.

A mí me funciona.

Foto Good morning to you CC -by Tony Fischer

Publicado en estudiantes, productividad

Hábitos de estudio: mochilas, cuadernos, lápices…

Hay un hábito de estudio que debes cuidar. Si no el resultado serán las carreras por las mañanas y algún que otro despiste. Que lo de Nobita es muy divertido en la tele, pero no cuando le pasa a uno mismo. ¿Qué hiciste los deberes pero los dejaste en tu casa? Bueno, siempre puedes intentar convencer a tu profesor, al mismo al que intentan engañar todos los días… y lo sabe. ¿Qué te dejaste el lápiz? Bueno puedes pedir uno, pero hacerlo todos los días da un poco de vergüenza.

¿Cómo evitarlo?

Con el hábito de dejar las cosas preparadas la noche anterior. Si es posible justo después de hacer los deberes. Tan pronto hayas terminado, prepara la mochila, revísala, ciérrala y ya tienes el resto de la tarde para dejar de pensar en profesores. Si lo dejas para la mañana puede ser que lo hagas muy bien, pero puede ser que te despiertes tarde, o medio zombi, o que tu hermano, padre, madre y/o demás familia te retrase. Y entonces vienen las carreras, el meter los cuadernos mal hasta que arrugan, los estuches abiertos para que los rotuladores sean libres y manchen todo lo manchable y, además, te despistes.

¿Qué hay que comprobar?

No puedo hacer una lista de comprobación para todos los casos del mundo. Este blog lo lee gente de España, México, Colombia, Argentina… y no me puedo saber todas las necesidades de todos los alumnos. Así que yo te hago una lista, pero tú te haces la tuya propia, según lo que veas necesario. Y también, si luego cambias de opinión, la cambias.

Bueno, ahí va la mía:

Lista de comprobación para ir al colegio

  • Deberes

    Comprueba tu lista de deberes, compruebas que no te falta nada y pon los cuadernos en la mochila. ¡Ya no se te pueden olvidar!

  • Exámenes

    Parece imposible que eso se olvide, pero por si acaso mira si hay algún examen cerca, y si te parece necesario, repasa un poco.

  • Horario

    Revisa las clases de mañana; para cada clase mira el material específico que haga falta (ropa de gimnasia para educación física; compás para matemáticas y esas cosas). Pon todas esas cosas en la mochila.

  • Material común

    A veces es fácil olvidarse de lápices, bolígrafos, gomas y el material común que usas en casi todas las asignaturas. Lo mejor es que tengas un sencillo estuche donde guardes todo eso y sólo tengas que meter el estuche dentro. Lo peor es que no tengas ningún estuche, así que por lo menos usa una bolsa o una caja pequeña o algo así.

  • Emergencias

    Por ejemplo, ¿se te ha olvidado algo que había que comprar? Dilo ahora, no esperes a la mañana para decirlo. Sí, bueno, se enfadarán y eso ya no puede evitarse, pero es mucho más probable que consigas las cosas a tiempo

Adquiriendo el hábito

Ya escribí un artículo sobre como adquirir hábitos de estudio. Puedes mirarlo, pero este en particular es muy fácil de conseguir. Te recomiendo que te hagas una lista, puede ser la mía u otra que te parezca mejor y la pones en un sitio visible.

También pones 15 círculos en esa lista; cada día que prepares la mochila justo después de hacer los deberes pon una equis en cada círculo (o táchalo, o ponle una corona o hazte un poema a tu gran fuerza de voluntad, o…). Cuando tengas esos 15 círculos tachados ya sabes que tienes el hábito, ahora sólo hace falta dejar que la inercia haga su trabajo.

Felicidades, habrás adquirido un hábito para toda tu vida y podrás reirte, un poquito, cuando tus padres corran por toda la casa buscando no sé qué papel que tenían que llevar…

Publicado en productividad, realización personal

A la primera oportunidad

Lo dije hace poco y lo repito ahora. Cuando estás adquiriendo un nuevo hábito aprovecha la primera oportunidad que tengas. No lo dejes para luego, no lo dejes para la hora perfecta. Si quieres escribir, escribe; si quieres estudiar, estudia; si vas a hacer deporte, sólo hazlo.

El primer paso es simplemente hacerlo. La primera línea siempre sale mal. Da igual. El éxito al principio es intentarlo.

El segundo nivel es mejorarlo. Y, créeme, no importa lo bien o lo mal que creas que te sale cuando empiezas, mejorarás muy rápido, cuando te propongas mejorar. Lo único que puedes dejar para luego es la perfección. Lo que urge ahora es hacerlo, sólo hacerlo y nada más.

Apaga y empieza

Ahora empieza. Apaga esto y empieza. No comentes, no compartas este post. Apaga y empieza