Publicado en realización personal, sabiduría

Cómo ser feliz si los planes descarrilan

Un niño salta en una estación de tren
CC -Frank Juarez

## La vida zombi

Hace mucho, mucho tiempo, cuando este blog era joven y hermoso, publiqué un artículo titulado [¿Vives la vida zombi?](/¿vives-la-vida-zombi/). En él hablé de los perniciosos efectos del virus zombificador, que resulta de aferrarse demasiado a las cosas, a las experiencias o a las perspectivas; sería, como, por citarme a mí mismo…

> Pue­des estar viviendo en un mundo que ya no existe. Luchando la gue­rra que no es, como los Fran­ce­ses, per­fec­ta­mente pre­pa­ra­dos en 1940… para la primera gue­rra mundial

## La mini-vida zombi

El tono de mi artículo daba a entender de que tenemos que estar atentos a los grandes cambios de la vida. No es de extrañar, entonces estaba atravesando por grandes cambios, y mi post estaba tan dirigido a mis lectores como a mí mismo. Últimamente mi vida es más previsible

—¿no querrás decir aburrida?

—no, quise decir previsible. O mejor aún…

—aburrida

—no, constante. Por ahora, la crisis me ha dejado tranquilo toco-madera-muchas-gracias.

Y sin embargo hay momentos en los que caigo en mis momento zombi. Sucede cuando tenía planeado hacer una cosa y me resulta otra. Es mi sobrina —tío, ¿me puedes dar clase de inglés?. Es la bendita internet que va lenta, o es simplemente que me sentaron mal las lentejas y no tengo ganas de escribir, y entonces tengo que rezar y luego coger la bicicleta y todos esos hábitos mecha-chupe-guay de la muerte de los que tanto presumo y me siento ahogado.

## Agua

Es momento de fluir, como el agua. A veces los seres humanos nos acostumbramos a ser un tren y si las vías se rompen nos entra el pánico. No de correr en círculos agitando los brazos, que eso da mucha vergüenza, pero sí de sentir un desagradable sinsabor con nosotros mismos. Como si pudiéramos dominar el mundo, o incluso como si debiéramos hacerlo.

Pero no somos un tren, ni siquiera somos un río; no hace falta que sigamos un cauce sólo porque esa sea nuestra costumbre. Los seres humanos somos como el agua, capaz de adaptarse al mundo, fundirse con el barro, evaporarse si es necesario, para ser aire y respirar y seguir siempre adelante.

Los planes están bien, nos guían, nos simplifican el mundo y nos ayudan a decidir más rápido y todo eso, pero recuerda que no eres un tren, que tenga que seguir las vías. Eres más bien como el niño que corre junto a las vías; cuando éstas se acaban, cierra los ojos, respira, sonríe, vuelve a mirar y descubre una [nueva aventura](http://valedeoro.es/querer-hacer).

Publicado en realización personal

La ley del columpio

Hace tiempo leí “Cartas del Diablo a su Sobrino”. Es de C.S. Lewis, el autor de las Crónicas de Narnia. Trata de un diablo jefe de negociado de tentaciones varias que aconseja a un diablo inferior como engañar a los pobrecitos mortales. Resulta que el diablo jefe conoce muy bien nuestros puntos débiles. Si alguna vez te ha interesado ser productivo, si has intentado ser buen estudiante, si has tratado aldelgazar y te cuesta, te interesará conocer lo que ese diablo tiene que, bueno, para ser sinceros, mentirte.

## Ya nos ha pasado

La historia te la conoces. Decides, digamos, estudiar más. Empiezas tan feliz, cuesta un poco, pero te rehaces y te va bien. Todavía no hay notas ni nada, pero tú ya sabes que estás estudiando más. Es una sensación fantástica. Pero luego, quizás un par de días después algo pasa. Pierdes la concentración. Si quieres estudiar, juegas. Si quiere hacer dieta, te atiborras. Y entonces es cuando sabes la perversa verdad: “Es que soy así y no puedo cambiar”.

Mentira

Si alguna vez has pensado así, que sepas que ese pensamiento huele a azufre. Me da igual que no creas en el diablo. Supón que es una figura mitológica, porque me sirve para explicar mejor lo que quiero que reflexionemos juntos.

Pues bien, el tipo del pijama rojo y el tenedor grande está atento. Tendrá paciencia, no saltará al primer error. Esperará a que cometas dos o tres fallos seguidos. Sabe que ocurrirá, y entonces vendrá y te meterá esa idea en la cabeza casi como si fuera una verdad científica: “Es que eres así y no puedes cambiar”.

## Caerse una y otra vez.

Recuerdo a San Pablo, recuerdo las enseñanzas cristianas tradicionales, recuerdo a los terapeutas cuando hablan en televisión, recuerdo por fin mis propias experiencias y las de mis amigos. Es muy difícil cambiar de golpe, sobre todo si el hábito está consolidado. Si, por seguir con el ejemplo primero, llevas años estudiando mal, será muy difícil que de golpe te conviertas en un buen alumno. Y no hablo de notas, ni de técnica de estudio1cache, sino simple y llanamente de ponerse a estudiar. Después de unos primeros días buenos, te va a dar pereza.

## Como matar al diablo de los [censurado]

Esperanza. La esperanza es el antibiótico contra pensamientos depresivos varios. Sí, vale, has hecho mal, pero eso no significa que seas malo. Sí, vale, te has caído, pero puedes levantarte otra vez. Esperanza, el infierno tiembla de miedo con el mero pensamiento de que te atrevas a tener esperanza.

Esfuerzo. La culpa es como el dolor. Te dice que algo va mal, pero aparte de eso ya no sirve para nada. Ni a tu familia, ni a tí mismo ni al mundo ni a Dios2cache, le sirve que te sientas culpable. Haz por mejorar, ahora.

Paciencia. ¿Sabes quién no te va a creer al principio? Pues todo el mundo, incluso tú misma o tú mismo. Sobre todo cuando empieces a dar muestras de que no eres perfecta o perfecto — ¡Como si hubiera obligación! Es algo que va a pasar, no te extrañes, tú sigue adelante.

Sólo no puedo, con amigos sí. Nadie dice que tengas que salir de ésta sin ayuda. Correr lo tienes que hacer tú, pero puede ser más divertido tener alguien al lado, o jugar al fútbol. Estudiar, tienes que estudiar tú, pero siempre puedes pedir consejo o dar cuenta de tus progresos a alguien. Algo tan fácil como “mamá, ayer estudié el tema 3″. Y siempre que quieras cambiar de verdad, encontrarás ayuda.

Es difícil salir del columpio. Habrás sustituído el antiguo hábito por otro nuevo y cuando lo hagas no te darás cuenta. De no hacer ejercicio nunca puede que pases a hacer ejercicio todos los días… bueno casi. Pero habrás cambiado, seguirás oscilando, a veces más arriba y otras más abajo, aunque ya habrás cambiado. No bajarán los ángeles y empezarán a tocarte las arpas para entregarte un certificado de ejercitarte todos los días… o casi. Pero llegará un momente en que alguien diga que has sido la revelación de este año.

¿Y sabes qué? Nadie dice que no puedas seguir mejorando.

Y, créeme, que no hay nada más hermoso que ver mejorar a una persona. Cuando tú cambies darás esperanza, valor y paciencia a muchas otrás, te convertirás en un faro, un guía que dice, sí hay camino, sí es posible, no es fácil, pero yo lo hecho y aquí estoy.

Para tener éxito, primero hay que pagar el precio de algunos fracasos,