Publicado en ética, sabiduría

La Compasión es la Vocación

La compasión es la vocación común de la humanidad. Cuidado que no me refiero a que una artista tenga al arte como vocación principal y a la compasión como accesoria. Tampoco tiene el médico la medicina como vocación principal y la compasión como un añadido necesario. No, ellas, ellos, tú, yo y el niño que corretea en el parque tiene a la compasión como vocación principal; todo lo demás ha de servir a la compasión.

La belleza de todo está en la compasión. La mirada compasiva descubre belleza en todas las personas, en todas las cosas y en todas las situaciones. No es una mirada bobalicona que ve el mal y lo ignora como el juez corrupto, ni que acepta lo que hay sin esperanza de cambiarlo. Al contrario, precisamente porque la compasión es capaz de descubrir belleza donde la mirada del miedo solo es capaz de quedarse con lo que asusta. La compasión es esperanza.

La compasión en la mirada

Te propongo un ejercicio en mirar con compasión. Deseo que lo intentes porque te ayudará a ver el mundo como en realidad es, sin quedarte en lo malo, y ganar la capacidad de mirar más allá. Se trata de cerrar los ojos, contar hasta diez y mirar la foto que aparece a continuación con intensión compasiva. Nada más. Deseo suscitar una experiencia que me ocurrió la primera vez que tuve una experiencia intensa de compasión. Déjate intentarlo.

Sé libre. La foto tiene más de cien años. Sus protagonistas, el fotógrafo, quien pasaba por ahí y no hizo nada ya han muerto. No tienes la culpa de nada, no hay nada a lo que tener miedo, no hay nada que hacer. Sé compasión.

  1. Cierra los ojos
  2. Respira
  3. Sonríe
  4. Cuenta hasta diez
  5. Vuelve a sonreír
  6. Sé compasión. O si eso te parece demasiado abstracto piensa, simplemente, que vas a mirar con compasión.
  7. Mira
La compasión en la mirada
CC -by Kelly Short

¿Qué has sentido? Si has llegado a mirar con compasión me gustaría mucho que recordaras este estado, porque así podrás volver a él. Cuando la vida parezca horrible recuerda que la puedes mirar con compasión. Eso solo depende de ti, y una vez la mires con compasión podrás cambiar lo que pueda cambiarse. De hecho ya habrás cambiado algo, habrás cambiado tu mirada.

Publicado en ética, realización personal

El Inicio de la Compasión

La excusa para enfriar el corazón es que la caridad comienza en casa. Pero también dicen: santo en plaza y diablo en plaza para denominar a aquellos que aparentan ser las personas más gentiles pero en casa dejan salir todos sus miedos y demonios.

En realidad, la compasión comienza donde estás. Aquí y ahora, con tus fortalezas y debilidades y, sí, también con tus miedos y demonios, es donde has de iniciar el camino a la cumbre.

El amor es un músculo que se fortalece con el ejercicio y aquellos quienes tienes a tu lado son los que te proveerán de tus primeros ejercicios de amor. Amor es descubrir. Amar es dejar que la otra persona enseñe quién es para que entonces podamos aprender de ella. Amar es dejar la silla del jefe y sentarse en el suelo; amar es hacerse aprendiz de amor.

Ese aprendizaje empieza renovando nuestras fuerzas para amar. Después, saca la basura de nuestra alma, limpia lo sucio, simplifica lo complejo, ilumina lo oscuro, renueva los muebles, cambia los muros, redibuja los planos y, si es necesario, cava nuevos cimientos hasta que, al final del proceso, seamos capaces de amar hasta a quienes nunca creímos digno de amor; ni el nuestro ni el de nadie.

En un párrafo he descrito la tarea de toda una vida. Y si una vida bastara…

Comencemos por poca cosa; por nosotros mismos, progresemos por los que nos han amado primero —en eso consiste el amor— sigamos por los que necesiten estén Yakutia, Madrid o la Patagonia y lleguemos, si es posible a amar hasta dónde duela.

Aguanta las conversaciones intrascendentes de tu madre, juega con tus niños, sé un buen vecino, si te queda tiempo hazte voluntario. Gasta amor sin medida, desde las cosas pequeñas hasta las grandes.

Quizás así alcances la compasión

Publicado en ética, realización personal, sabiduría

La Compasión es la Cumbre

Entre las ideas equivocadas sobre la compasión, la peor es creer que la compasión es fácil. ¿Crees que es un sentimiento blando, fácilmente alcanzable, sin disciplina, ni esfuerzo, ni práctica?

La compasión exigida

Todo es más fácil que ser bueno. Si nos parece fácil es porque nos lo exigen. Desde pequeñitos, en todas partes, todas las personas, comenzando por nuestros padres nos exigían: sé bueno. Teniendo en cuenta el énfasis y la reiteración con la que nos hablaban, desde luego nos exigían ser buenos ahora y siempre; ser buenos continuamente, ser tan buenos como fuera posible, continuamente.

Para cualquier otra cosa había más paciencia que para el aprendizaje de ser buenos. En la lengua se nos permitían millones de errores; incluso los primeros balbuceos se recompensaban con sonrisas. Al aprender a andar nadie se ponía a contar las veces que nos caíamos, y nuestros primeros pasos, cortos y torpes se celebraban como el mayor de los éxitos. ¿Digo algo de nuestros primeros dibujos, de las primeras letras o de la primera serenata para tambor y pito?

Sin embargo, los padres exigen la compasión, la demandan ya y esperan que los niños tengan un conocimiento exacto de la moral, la ética y la sabiduría. Bueno, por lo menos hasta que se topan con la tozuda realidad de la experiencia. Entonces se conforman con que no haya sangre.

La difícil compasión

Lo cierto es que la compasión es difícil. Brota del sentimiento natural de no querer que nadie sufra, eso es cierto, pero eso no implica que la compasión sea fácil. También es natural querer comunicarse con los demás, y eso no implica que aprender a hablar, y mucho menos a comunicarse con maestría sea fácil. También es natural querer andar, correr, nadar o trepar, y todas estas cosas exigen un aprendizaje. Pero es que la compasión va más allá que todo esto; si tuviera que elegir una habilidad análoga para la compasión entre las habilidades de movimiento, elegiría las artes marciales.

Cualquiera puede dar un puñetazo, saltar o pegar otra patada. Puede incluso gritar ¡ki-a! y lanzarse como un torbellino contra el adversario. Pero eso no es un arte marcial, es el juego desordenado de los niños a ser ninjas. De hecho uno puede acudir a un dojo durante meses y no tener la sensación de estar haciendo artes marciales. Lo normal es que uno se reconozca torpe, o que piense que esté haciendo ejercicios sin sentido, o esperando que, con el tiempo, todo esto sirva para algo. Pero ese algo aún no ha llegado.

Lo mismo pasa con la compasión. Cualquiera puede compartir una sonrisa, un plato de comida o escuchar. Todos estos son, sin duda, actos de bondad. Pero, si estás atento, podrás darte cuenta de que todos esos actos, en sí mismos, no son compasión, sino que, muchas veces, todavía te falta para llegar a la compasión. En otras palabras, los actos de bondad, son pasitos, y la mayoría torpes, que das en el camino hacia la compasión. Pero la compasión está más allá: la compasión es la cumbre.

Pues bien, quiero que tú y yo exploremos qué es eso de la compasión. Hoy, con este post, he iniciado este camino. Es un monte muy alto, pero no me da miedo.