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Hábitos de Estudio: Atender mal en Clase, consecuencias

Atender en clase puede ser difícil. Los profesores muchas veces explican cosas que no tienen mucho interés inmediato. Y además te puedes encontrar en una clase en la que hay compañeros que solo estudian porque les obligan a hacerlo, y se ponen a enredar y a molestar.

También hay algunos que opinan que no hace falta atender mucho. “Total”, dicen, “todo está en el libro”, pero cometen un error con consecuencias muy graves:

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Hábito de Estudio

¿Hábito de estudio = buenas notas?

Puede que hayas escuchado alguna vez esta expresión: hábito de estudio. Se supone que los que tienen hábito de estudio sacan buenas notas, y los que no tienen hábito de estudio malas. Bueno, a veces no siempre es así. Todos conocemos el típico listo/a que aprueba sin estudiar. Bueno, en primaria y quizás un poco en secundaria, alguna asignatura fácil, pero cada vez le cuesta más. Y cuando no pueda se dará cuenta de que ni sabe estudiar bien ni tiene el famoso hábito de estudio.

¿Qué es el hábito de estudio? Hábito es habitual, donde

“habitas”, lo que haces habitualmente, todos los días, o casi. El hábito de estudio no sería otra cosa que estudiar casi todos los días, por lo menos cuando no estás de vacaciones. Quien no lo hace así, no tiene hábito de estudio y punto, me ahorras las excusas, muchas-gracias.

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Labor omnia vincit

1982, recreo, alboroto distante de niños, una clase vacía. El maestro está sentado en su mesa, corrigiendo exámenes. Entra un alumno.

— Maestro, ¿qué debo hacer para aprobar?

El profesor, que conoce al alumno, sigue corrigiendo, el alumno insiste — Maestro, ¿qué debo hacer para aprobar?

Sin levantar los ojos el maestro contesta — Labor omnia vincit.

—¿Labor omnia vincit?

—Exactamente, repítalo.

—Labor omnia vincit.

—Muy bien, repítalo de nuevo. — Ahora el maestro mira al alumno.

—Labor omnia vincit.

—Otra vez.

—Labor omnia vincit.

—Muy bien, repítalo tres veces todos los días. Así aprobará.

—Sí, eh…, esto, maestro, ¿qué significa labor omnia vincit?

—Que el trabajo todo lo vence. Conseguirá todo lo que necesite a través del trabajo; a veces trabajando más, siempre trabajando mejor.

—De acuerdo. —El alumno bajó su cabeza y se disponía a salir de vuelta al patio.

—Espere un momento. ¿Por qué está triste?

—Porque es que soy un vago.

El profesor, por vez primera, sonrió —Labor omnia vincit.

—Ya, pero es que soy un perezoso.

—Labor omnia vincit, hasta su pereza se puede conquistar por el trabajo.

—Pero es que no trabajo porque soy un vago.

—Aunque no crea en sí mismo trabaje, deme una oportunidad, désela a usted mismo, crea en el esfuerzo. La fuerza de voluntad es como cualquier otro músculo, a más se ejercita, más se acrecienta. Trabajar le hará trabajador.

La pereza hace que todo sea difícil, la diligencia lo hace todo fácil. ~ Benjamin Franklin

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Como evitar pringarla en clase

Si eres de los calladitos en el aula, de las que se quedan tranquilitas en su silla o de los que nunca arman follón, te conviene leer esto. Pasaba cuando yo estudiaba, y, por lo que escucho sigue pasando. Por lo visto, este peligro pasará siempre. En la clase la llevan liando cinco minutos los de siempre. Esos de los que el profesor está cansado de llamar a callar, de los que coleccionan partes como si fueran cromos. Algunos tendrán álbumes. Entonces tú cuchicheas ¿me pasas el bolígrafo? y… la has pringado. El profesor te pone un parte. No te lo puedes creer Pero si ellos *siempre* están hablando ¡Injusticia! y luego… ## miedo Como nunca te ponen partes, tus padres no están acostumbrados y no les va a hacer gracia. Tranquilidad, no se va a acabar el mundo, ni te van a mandar a la escuela militar. Lo que hay que hacer:

Primero: no pringarla más. Sobre todo no la lies más, no montes un espectáculo con tu profesor. Si estás enfadado por la injusticia que sientes, cuidado, porque los humanos estamos diseñados para reaccionar atacando si percibimos un ataque. No ataques ni con palabras.

Segundo: camino malo, pasarlo pronto. Dí la verdad a tus padres, tal cual pasó. Reconoce que metiste la pata y ya está. Si hay consecuencias, afróntalas como la persona que quieres ser de mayor, no como un niño de tres años. Lo de ponerse como un niño de tres años es más fácil, pero no funciona y es ridículo.

Tercero: habla con el profesor. Busca un momento tranquilo, pero no lo dejes para después. Te disculpas –después de todo tú hablaste en clase– y, si quieres, le cuentas como te sientes, pero no le digas que fue injusto ni nada de eso. Si es así ya se habrá dado cuenta.

¿Por qué pasó?

Porque tus profesores son humanos, no dioses. Cuando en la clase hay mucho follón tienen miedo de que todo se convierta en un caos. Les cuesta mucho meterse con los *difíciles* que siempre están dando la lata. Por eso, sin darse cuenta, pueden ir a por el que casi nunca hace nada malo. A lo mejor otro día te hubiera dicho simplemente “silencio” o “no se habla en clase” o algo así. Pero ese día tenía miedo de que se le descontrolara la clase y te tocó un parte.

¿Cómo evitarlo?

Primero darte cuenta de cuándo en tu clase hay lío, y sobre todo darte cuenta de la cara de tu profesor, si se pone nervioso, tú pon un candado en tu boca.

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Medios para tomar apuntes

## Papel

Sí, ¿pero qué papel? Por alguna razón mi experiencia como estudiante transcurrió así: en primaria cuaderno pequeño, como exigía el profesor; en secundario carpeta de anillas, como exigía el profesor; en la universidad folios sueltos, como hacía todo el mundo y en el seminario de nuevo un cuaderno pequeño grapado –sí el de los colegios de primaria–, como acabé prefiriendo.
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