Publicado en Guille, haibun, haiku, pequeña poesía, pieni, poesía, poesía experimental

11 de noviembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, hoy no te voy a hablar de lo que pasó hoy de verdad sino de un sueño que tuve. No es muy largo de contar porque en realidad no lo recuerdo muy bien y no quiero rellenar los huecos de mis memorias con mis fantasías. Aunque un poco es fantasía porque es un sueño.

No suelo tener sueños como éste. Sí pesadillas en que todo va mal, o en que me pierdo y el mundo parece infinito o que tengo que luchar contra miles de monstruos y enemigos y les gano pero acabo muy cansado. También está cuando sueño con fantasmas o los fantasmas vienen a mis sueños como Fantasma Papá o Fantasma Abuela. Pero esta noche no fue ninguno de esos sueños corrientes. Fue así.

Había un niño orco, no de orco de fantasía de piel verde y colmillos, sino de los que llamamos orcos, la gente mala. Pero ese niño estaba con nosotros por alguna razón. &mdash¿Lo habíamos capturado? No lo recuerdo y tampoco importa.— La cosa es que había hecho una cosa muy mala, tanto que no la quiero contar. (No era matar). Pero yo quería que fuese bueno y no me daba miedo porque era más pequeño que yo. Supongo que tendría nueve años.

Y me quedé con él, y él quería llorar pero no podía, y no hablábamos y temblaba y le abracé, mucho, mucho rato mientras temblaba. Y me parece que tenía miedo de ser malo para siempre. Pero yo me sentía dando amor, como una fuente, como si yo fuera un manantial de energía de amor cálido. Y suena a tontada de las gordas ahora que estoy despierto y ha pasado tiempo, pero me sentía así de bien. Y era un orco.

Sé que los sueños son mentira o, como decía Fantasma Abuela, los sueños son recuerdos de nuestras esperanzas y miedos. O, como digo yo, (se me acaba de ocurrir), son mentiras que podemos hacer verdad, aunque exactamente ni literalmente.

Para mi, pues entonces, a lo mejor es que debo de tener tanto miedo de los orcos. A lo mejor la gente mala no tiene por qué ser gente mala para siempre. No soy bobo. Sé que si voy ahora a un sitio de orcos me matarán o me hará su esclavo o algo malo o peor o más cosas de esas. Pero, a lo mejor de la gente mala se escapan cosas buenas.

Heather fue una niña de unos orcos, como te conté en mi antiguo diario, y también estaba el niño que murió ese día. Ya puedes decir que Heather es especial porque lo es… pero nunca le he preguntado si hizo cosas malas

¡No quiero pensarlo!

Pero… a lo mejor, dentro de lo que es posible y no estúpido, … dar amor, ¿verdad? No puede ser malo. Quedamos muy pocos en el mundo… debemos perdonar, seguir adelante, que nuestros niños, si tenemos, sean mejores… tengo ganas de volver a mi sueño de dar amor… aunque un sueño sea siempre mentira, buscaré hacerlo verdad

un cuenco roto
viejo plástico cochambroso
aún guarda agua

Ojo: diario de ficción

Publicado en ética, realización personal

Mi amigo Rolls Royce

CC -sa -by Sisaphus

Decidí que mi amigo fuera como un Rolls Royce. Una maravilla. Mi amigo había de ser capaz de resolver todas mis necesidades. Había de ser fiable, extremadamente fiable, de forma que yo, por un decir, tome el teléfono y allí esté el dispuesto a llevarme al parque un domingo por la tarde sin avisar. Iríamos de tapas juntos, le contaré mis problemas, se reiría con mis chistes, tendría solución para todos y cada uno de mis defectos y jamás me traicionaría ni en lo grande ni en lo pequeño. Con él mis sueños serían realidad.

Será exactamente como mi coche: un Rolls Royce

Bueno, cuando encuentre el dinero para comprarme uno.

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Publicado en ética, productividad

El precio de la desconfianza

No seas tonto, te dicen, no confies en nadie, estáte siempre en guardia. Y los que así te cuentan se tienen por “más sabios” porque “saben más de la vida”, por “haber vivido más”. Y piensan también que es lo mejor en cualquier caso. Si luego resulta que no me están engañando pues mejor, pero más vale estar preparado, por si acaso. En lo que no caen estos expertos de todo es que por la desconfianza también hay que pagar un precio. Hay costes evidentes, incluso necesarios, pero que por ser necesarios no dejan de ser un mal. Hablamos de las cárceles, la policía, el ejército, los sistemas de alerta temprana y los servicios de inteligencia. Puede que no nos quede más remedio que tenerlos pero son un coste y no siempre, ni en todos los casos las mejor política.

En nuestra vida diaria, la falta de confianza produce oportunidades perdidas. También resentimiento y una sensación de impotencia que nos impide transformar el mundo, conformándonos con aceptarlo tal como es o poner parches. Así mueren muchas ideas innovadoras en las empresas, se paralizan las administraciones públicas, se crean resistencias en los clientes y convierte a las ong en instituciones. Ya seamos nosotros quienes desconfiemos, ya sean otros los quienes desconfían de nosotros, justa o injusta, la desconfianza genera pérdidas.

¿Y qué hacer? ¿Abrazar el poder de las flores y amor universal de kumbayá?

Lo primero es ser digno de confianza

Se habla mucho de “generar confianza”, centrándose demasiado en las apariencias. Casi, casi se trata a la confianza como si fuera un producto industrial de forma que uno puede meter materias primas en una máquina para que nos devuelva la confianza empaquetada. No me extrañaría que pronto vendieran alguna en la teletienda.

Sí, por supuesto que hay que tener en cuenta la imagen que proyectamos, pero por lo que le he entendido a Andrés Pérez Ortega esa imagen debe ser proyección de una realidad digna de confianza.

Sí, es bueno que te perciban como alguien fiable, pero lo primero es cumplir con la palabra dada. Sí, es bueno que anuncies tu puntualidad y tu compromiso de ser buen pagador, siempre que efectivamente lo seas. Y no, nadie exige, ni cree perfecciones, pero sí en un modo de actuar que se traduce en hechos.

Lo segundo es asumir riesgos.

La pregunta no es hasta donde, o desde cuándo se puede confiar en una persona. Pongas los filtros que pongas, examines como examines a alguien, sólo puedes saber, en el mejor de los casos, cual es su disposición en este momento. Dicho de otro modo, no hay forma de predecir con seguridad lo que una persona hará en el futuro. Y esto vale tanto para matrimonios, como para los amigos o los socios. Ni siquiera puedes depositar plena confianza en ti mismo. De acuerdo, es poco probable que te traiciones conscientemente pero nadie está libre de error.

¿Y qué hacer? ¿Esconderse en un búnker?

No, tomar la decisión de confiar a pesar de no tener seguridades absolutas. Eso sí, tener mecanismos para asegurarse de que una traición no suponga el colapso. El trabajo de todo el mundo debe pasar por un control de calidad, y eso incluye el tuyo propio. Y sí, también habrá gente con la que no puedes tener tratos y punto porque han vivido instalados en el engaño.

¿Y si pasa?

Pues pasó y seguimos adelante. Vivir es un riesgo; vivir como si fueras una tortuga protegida bajo un inmenso caparazón también y caminas mucho más despacio.