Juguete del viento

Quien no sabe a dónde ir es un juguete del viento, un barco a la deriva, una pluma en la niebla. No basta con minimizar, no es suficiente con abandonar hábitos y desprenderse de cosas porque las tentaciones abundan por todos lados y si no sabes qué quieres hacer con tu vida, ¿cómo puedes rechazar las ofertas con las que te asalte la vida?

He intentado la reclusión, borrar todas las posibles distracciones, pero eso solo ayuda un poco. Al final el mundo siempre se las apaña para ofrecerme tentaciones. Y bueno, batallo contra ellas y muchas veces hasta gano, eligiendo lo esencial frente a lo accesorio.

Pero que tenga que batallar, es una alarma. Veréis, cuando estaba haciendo oposiciones no se me pasaba por la imaginación ninguna distracción importante. Sí, habían pequeñas cosas para relajarme, pero, si alguien me sugería hacer una carrera, el «no» corría a mi lengua. Ahora, que estoy estable en lo económico, tengo que pensarlo.

Y pensarlo,

una,

y otra vez,

y otra,

cada vez que alguien me propone algo.

Porque la verdad es que ahora me toca descubrir a dónde quiero ir. Pensarlo de una vez, para no dispersarme en millones de direcciones a la vez.

Miguel de Luis Espinosa