Haz el bien, bien

cc mayaibuki.me

SabiaVida me sorprende. Lo cual es raro porque se supone que yo soy su autor y creador, su dueño y señor y emperador de todo lo imperable. Se suponía que iba a ser un blog simple sobre minimalismo, productividad y cosas así. Pero resulta que es mucho más, resulta que tiene una historia que parece sacado de un anuncio moderno; SabiaVida transforma vidas.

A veces los mensajes que me llegan como autor de SabiaVida me dan miedo. ¿Y qué traen? ¿Amenazas de muerte, o peor, de pleitos en los juzgados? No, historias muy íntimas de cómo SabiaVida ha tocados sus vidas. Hay quien usa este blog como un refugio de montaña ante la tormenta, para otras es una especie de faro, hay quien me deja ver que es como un viejo amigo que está en un salón tranquilo, y también está quien ha encontrado una ayuda para tener fe en el futuro, salvar el curso o incluso hacer los deberes más rápido.

Son momentos como esos los que me revelan la importancia de hacer el bien y de tratar de hacer el bien, pues bien.

No, no es que SabiaVida sea la perfección; tampoco lo intenta; pero si pasa que entre mayor empeño y recursos empleo en hacer el bien, bien; mayor y más profundo es el impacto que tiene mi acción. En quien me lee, y también en mi. Intentar hacer las cosas bien no garantiza que salgan bien, pero mejora las posibilidades, da nuevas fuerzas y hace nacer capacidades que parecían imposibles.

Por cierto; el lunes pasado creé mi primera aplicación para Android. Se llama Bag of Fate y puede que la haga pública algún día. Si acaso, ya os hablaré de ella. A lo que voy ahora es que esa aplicación no existiría si no hubiera intentado mejorar este blog. Me explico: empecé aprendiendo HTML, luego CSS, luego PHP y una cosa llevó a la otra y ahora estoy programando en Java para Android. Y años atrás alguien me sugirió aprender precisamente desarrollar para Android y le miré con cara de «ya soy demasiado viejo para eso».

Pues mirad.

Es difícil ser bueno

Una cosita que no entienden los niños es que es difícil ser bueno. Requiere aprendizaje, práctica, esfuerzos, fracasos y ayuda divina. Incluso Pablo, el apóstol, imbuido de la Gracia (así con mayúsculas) decía estar corriendo una carrera y luchando una batalla. Pero esta es una buena batalla que merece la pena librar, por los demás y por ti mismo.

La parte mejor es que el camino siempre se puede empezar ahora; que no hay demasiados tardes, ni demasiados prontos, digan los que digan los demonios de los miedos y las perezas. Porque las heridas de esta buena batalla, pueden doler, pero a la larga curan; porque las victorias de esta carrera pueden resultar invisibles, pero existen, aunque muchas veces escapen a nuestra consciencia.

Y es que, hasta para apreciar el triunfo del amor hay que entrenarse; apreciar las cosas sencillas tiene también su aprendizaje y renunciar a los «triunfos» no se hace a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera.

El camino de hacer bien las buenas cosas

Creo que esta batalla es más sencilla si seguimos un camino. Y el camino para los principiantes como yo consiste en tratar de hacer bien las buenas cosas. Perder el tiempo en este blog, en lugar de ver la televisión porque tengo fe de que seré capaz de encender el corazón o la alegría de alguien.

¿Tengo más que decir? Creo que se me entiende. Elige alguna cosa buena, algo que hagas o quieras hacer y hazla bien. Pon tu empeño en hacerla bien, aunque parezca que no, que no avanzas, que a nadie le importa, que no merece la pena, que otro (que no aparece) lo hará mejor, que te has equivocado, que te han reñido, que para qué te has metido en dónde no te llamaban, que es muy tarde, que «total, ¿para qué?».

Bueno, pues al menos para hacer bien las buenas cosas, y consiguiendo ese triunfo, tener fe.

¿Tengo algo más que decir? Solo una cosa.

Gracias.

de Miguel de Luis Espinosa