Diario de Guille 3.7

16 de febrero

Querida persona desconocida, hoy ha sido un día de aventura intensa y frustrante. A lo mejor crees que soy un contradictorio pero puedo utilizar los dos adjetivos a la vez.

Primero, fue intensa porque el mar se llenó de viento y las playas de espuma, como si unos gigantes hubieran echado jabón. Por eso no fuimos a pescar pero mamá nos pidió, por favor, y casi llorando que fuéramos de caza. Y que tuviéramos mucho cuidado, nos abrigáramos bien y todas esas cosas maternales. Una exageración, que vale, hacía frío, viento, etcétera, pero llovía lo normal y no había ninguna guerra ni nada. Lo único que hay que hacer es no hacer el tonto acercándose a los sitios peligrosos del viento: acantilados, playas, casas ruinosas y etcétera.

Bueno pues nos acercamos a una casa ruinosa. Es que mi secreto para cazar en la tormenta es ir a una casa en ruinas pero que tenga techo. En este caso la iglesia abandonada. ¿Sabes por qué? Porque los pájaros se meten dentro a refugiarse y otros animales pequeños. Nos acercamos despacito, con los rifles de aire comprimido, el mejor amigo del niño superviviente y venga, a cazar pájaros. Pillamos ocho pequeños. Más no, porque ya vale para hoy y mañana y no hay que ser cruel.

Me parece que la próxima vez no voy a la iglesia, para que tengan donde refugiarse. Voy a decírselo a Heather.

Ya he vuelto, Heather está de acuerdo. Es que cuando ves al pajarito muriéndose en tus manos sabes que no quieres hacerlo pero tu estómago dice que sí. Vale, soy un contradictorio.

Segundo, fue frustrante porque pasamos cerca de la playa donde está el barco con mi radio, la que será mía cuando venga el buen tiempo. Pero no ha venido.

Miguel de Luis Espinosa