Publicado en simplicidad

Vacaciones

He pasado unos días de vacaciones sin hacer gran cosa:

He creado una pequeña aplicación con la que he puesto las cuentas de la parroquia la día, he hecho un poco de miniaturismo y he estado experimentando en wattpad. Pero sobre todo me he dedicado a meditar y descansar.

Y me siento muy bien por ello.

Publicado en simplicidad

El minimalismo no puede ser individualista

No tengo nada que ver con esta gente. Ponme a cualquier minimalista por delante y seguro que encuentras miles de diferencias.

Precisamente.

Está siendo bonito. Hemos ido explorando el minimalismo, la simplicidad, lo que sea, y hemos compartido lo que hemos encontrado. Hemos construido estos blogs, o lo que sea, y hemos compartido cosas en Internet. Hemos aprendido y re-aprendido de los demás.

Pero, me temo que no basta.

Encuentros programados

Creo que necesitamos programar encuentros; virtuales si no hay otra manera, entre los minimalistas; tengamos blog o no. Aunque quizás los que tengamos blog, tengamos más responsabilidad.

Yo, por mi parte, empiezo a sentir que ya no puedo llegar mucho más lejos solo.

Necesitamos un espacio para el encuentro de calidad. Un tiempo, quizás dos horas al mes, quizás un ocasional fin de semana en un monasterio o en un hotel, en la que solo compartamos y hablemos del minimalismo.

Lanzo la idea al viento.

Publicado en sabiduría, simplicidad

Click responsable

¿Crees que Internet se está volviendo borde? Puede ser que sea así. Es lo que yo mismo siento.

Creo que me equivoco cuando sigo uno de esos enlaces de “buscar bronca”, o de fotos de gatitos o de tonterías varias. No solo por mi. El hecho es que cuando visito un enlace fomento su contenido.

Navegar por Internet es una actividad pública. Al menos, en un sentido: mis enlaces, mis menciones pero incluso mi simple visita ya fomenta el contenido de ese enlace.

¿No debería usar mi tiempo en aquello que quiero fomentar? ¿No debería dejar de alimentar a los trolls?

Publicado en productividad, sabiduría, simplicidad

Tecnología inteligente

Foto Cortesía New Old Stockphoto

¿Existe la tecnología inteligente o solo podemos hablar de un uso inteligente de la tecnología? La respuesta es un viaje de exploración al mismo ser de la humanidad.

Un minimalista se reconoce por su relación con las cosas. Esta relación puede tomar muchas formas, pero deberá ser siempre consciente. Uno se hace minimalista porque toma conciencia de la influencia de las cosas en su vida y, conforme se conforma con menos cosas, su nivel de comprensión aumenta. Este es un momento de peligro.

Lo que puede pasar es uno llegue a pensar que es el capitán perfecto de su vida, o que, en todo caso, lo llegará a ser, simplemente deshaciéndose de una cosa más. Siempre, de una cosa menos; puedo llegar a creerme que si tengo una cosa menos me liberaré de todas las influencias perversas del mundo.

Pero lo cierto es que uno no se libera de la influencia de la tecnología mientras uno viva en este mundo. Quizás no haya ejemplo más decisivo, aún resulte estridente que Auschwitz o Hiroshima.

La tecnología inteligente y el Imperio de la mega-máquina

Siempre ha habido matanzas en la historia. El execrable saqueo de Shanghai, con sus miles de asesinatos, bien podría haber sido cometido por los asirios o las legiones romanas. La Shoah, que simboliza Auschwitz, contiene muchos actos de salvajismo y crimen que son comunes a la historia pero, considerados globalmente, contienen una diferencia fundamental. Ni siquiera pueden compararse a cualquier otra persecución que anteriormente sufrió el pueblo de Israel. Auschwitz es la matanza industrial: los seres humanos se convierten en la materia prima de una siniestra fábrica de producir cadáveres.

Anders identifica dos raíces de Auschwitz. En primer lugar, lo que llama, el Imperio de la mega-máquina. La sociedad industrial ha generado una relación de sumisión a la estructura tecnológica. […] Esta es la primera condición que hizo posible Auschwitz.

La segunda es consecuencia de esta relación invertida. La máquina totalitaria […] abre una desproporción radical entre representación y acción, […] la separación radical entre acción humana y conciencia.

Daniel Barreto en Crítica a la idea de progreso en Walter Benjamin y Günther Anders, Revista Meletea

Ni las víctimas, ni los verdugos, ni los testigos, ni los que miraban para otro lado pudieron liberarse de esta influencia perniciosa. Su mundo era y es un mundo post-Auschwitz y post-Hiroshima.

El simio hizo fuego y el fuego hizo al hombre

La relación entre la tecnología y el ser humano parte, quizás, desde nuestro propio origen. El ser humano que afiló la primera piedra cambió nuestra posición en la ecología. Ningún león puede tener garras más grandes que lo que la naturaleza proporciona. Nosotros, constantemente, hemos aprendido a ser más fuertes, más rápidos, hasta conquistar y casi destruir la misma tierra de la que dependemos. Tanto nuestra evolución biológica como social se encuentra fuertemente imbricadas con nuestra tecnología. Hemos evolucionado para aprovechar mejor la tecnología. Probablemente se pueda llegar a decir que las herramientas nos hacen a nosotros tanto como nosotros las hacemos a ellas.

Esto de evolucionar suena a positivo y por eso conviene recordar que la naturaleza carece de valores. Una piedra que cae no se preocupa de si va a romper un jarrón Ming; cae por gravedad y punto. El oso que se adaptó al entorno polar no es mejor que el oso primigenio ni los pájaros son mejores que los dinosaurios. De la misma manera tampoco el hombre del paleolítico es mejor que el hombre del neolítico, ni viceversa. Sencillamente se han adaptado a entornos diferentes; la única diferencia es que somos nosotros mismos, a través de nuestra tecnología, los que transformado el entorno.

Hemos aprendido que el el progreso es un mito, pero también que no nos podemos aislar de las ideas que la sociedad genera en su eterna adaptación a la tecnología. Precisamente una de esas ideas, aún como reacción, es el minimalismo, es la simplicidad y es el movimiento slow. Todo lo que hago, ¿no puede ser fruto del miedo a verse instrumenta-lizado por los mismos instrumentos que construimos. ¿Acaso tenemos miedo a las pantallas?

Uso inteligente de la tecnología inteligente

Si quieres crear una relación más consciente con las tecnologías de la información, debes entender cómo nos programan los ordenadores. […] Los ordenadores han cambiado nuestro entendimiento del trabajo, la inteligencia y la memoria humana y nos ha llevado a valorar (como un ordenador) cualidades como la eficiencia, la velocidad y la productividad más que la creatividad, la deliberación y la minuciosidad. La idea de que la inteligencia es fija en vez de flexible, creer que nuestras habilidades son versiones antiguas de nuestras creaciones digitales y aceptar que el futuro pertenece a los dispositivos más que a nosotros mismo, tiene asimismo, consecuencias en el mundo real.

Alex Soojung-Kim Pang en The Distraction Addiction

Este es el mundo en el que vivimos. El mercado nos va a exigir, tú me vas a pedir y yo mismo voy a querer, ser más rápido, más eficiente, escribir artículos más grandes, con mayor frecuencia. Y tú querrás leer más, compartir más o…

O quizás ya esté empezando a parlotear lo primero que llega a mi memoria, como un ordenador… No es posible quedarse “sólo con lo bueno” de la tecnología. Como tampoco es posible beber “solo lo bueno” del vino. Lo único que se puede hacer es moderar su consumo, saber decir basta, apartarse, si es necesario, con una sonrisa y un no protector.

Es tiempo de meditar, precisamente porque creemos que no hay tiempo

Publicado en realización personal, simplicidad

Cuatro – El Gran Engaño

El gran engaño

Ventana condenada con periódicos
Foto CC -by Jurek

Me perdí el gran engaño. Para los que no estuvistéis en España el 23 de febrero pasado os cuento que un famoso periodista de aquí montó un documental que cambiaba la historia de España. Solo había un pequeño detalle: al final reconocían que todo era una farsa.

A la mañana siguiente los españoles parecíamos divididos en dos bandos: los que juraban no haberse dejado engañar y los que reconocían que sí lo fueron. Y también en otros dos bandos: los que les parecía bien, e incluso útil la broma y los que no aceptaban que se hubiese jugado con su confianza.

Pues bien, yo cuando echaban el documental me encontraba leyendo un libro. La verdad es que, quizás para mi mal, hace años que desconfío de los medios de masas. Quizás porque desde joven me tocó descubrir en primera persona las discrepancias entre la realidad y los productos de la industria periodística. Y no, no es que exista mala intención ni, necesariamente, mala profesionalidad, es que el mercado, o sea nosotros, impone, imponemos unas demandas que hacen difícil la búsqueda de la verdad. Incluso, antes de fustigar a la prensa, deberíamos reflexionar si, en realidad, queremos conocer la verdad o oír lo que queremos escuchar.

La noticia “fast food””

¿Estamos obesos de informaciones? ¿Consumimos demasiadas noticias “fast-food”? Matan a una niña, tres minutos después queremos saber quién lo hizo, como, por qué, un análisis psiquiátrico de su personalidad y cuántos años se va a pasar en la cárcel. Exigimos una respuesta inmediata de las autoridades y ¡ay de ellas como se equivoquen! Entonces diremos que deberían haber esperado o sospecharemos que “nos ocultan algo”.

Hemos creído que consumir noticias es gratis. Ya hace demasiado tiempo que la mayoría de nosotros compra un periódico regularmente. ¿Para qué? Está la televisión, la radio, Internet y hasta el móvil para ofrecernos más contenidos de lo que somos capaces de consumir y además frecuentemente los mismos que los ofrecidos por la prensa escrita. Añada usted una crisis y ya sabe por qué el periodismo ha perdido su “glamour” en España. Ese “todo gratis” esconde que el coste que tiene la glotonería de noticias: tiempo y distracción. Perdemos tiempo en cosas que nos son intrascendentes —porque nada hacemos para cambiarlas— o que están fuera de nuestra capacidad, —no, Messi no te va a llamar para pedirte consejo—.

Todo momento excesivo de consumir noticias es un momento perdido a crear, a leer a Platón, a jugar, a amar, a estar con alguien, a sonreír, a disfrutar del silencio y de los placeres sencillos.

No existe obligación de “estar informado”

Yo no abogo por la abstinencia de noticias. Mi causa es más sencilla: liberarnos de la obligación de “estar informados”. Se dice que para opinar hay que estar informado. Pero, ¿para qué quiero opinar? ¿Ego? ¿Para confirmarme a mí mismo que los “míos” tienen razón y siempre la tendrán? ¿Para saber más que alguien? ¿Por el miedo a “perdernos algo”? Pues tranquilo, siempre te perderás algo.

Si las noticias son entretenimiento y espectáculo es porque queremos que sea así. El problema es que nos hemos equivocado. No necesitamos “estar informados” todos los días, de todo y a todas horas, no necesitamos tanta distracción, ni tanta distracción. Necesitamos vivir.

Publicado en informática, productividad, sabiduría, simplicidad

Uno

Marzo de 2014, primera semana

Entrada

Bienvenido al primer número de Sabia Vida. Ahora somos una revista, de las del tipo de sub-compact publishing y estamos muy felices de ello. No sé si orgullosos, eso ya veremos.

Este número, el primero, viene cargado con tres artículos y una pequeña miscelánea donde hablo muy brevemente de otras cositas. Esta será la estructura inicial de Sabia Vida como revista y la veréis así tanto en la web como en la lista de correos, los que estéis apuntados. La miscelánea me permite hablar de otras cosas interesantes que escapan de la temática de Sabia Vida. En este primer número son solo tres enlaces, y ya veremos como evolucionará. En cuanto al resto:

  • En Guardo el Ordenador, trato de una estrategia de minimalismo aplicado a la que llegué, por enfado pero ha resultado ser muy sabia: tratar al ordenador como si fuera una máquina de coser.
  • El niño que nos retrasa es un excelente artículo de Leo Babauta que os ofrezco traducido.
  • <Por último, trato de mis experiencias aprendiendo a programar en Un año de code. Lo que he aprendido, lo que me falta y para que me ha servido.

Índice de contenidos

  1. Guardo el ordenador
  2. El niño que nos retrasa
  3. Un año de code
  4. Macedonia de miscelánea



Guardo el ordenador

Trata al ordenador como a una máquina de coser

Terremoto en la oficina. Me pongo a hacer un montón de horas extras, de las peores, de esas que te meten a hacer el trabajo de otra sección, con pocas instrucciones, muchas prisas y “tirando p’alante”, grabando datos, hora tras hora hasta quemarte las cejas y hacer un nudo en el cuello.

Vale, me paso de dramático, pero lo que pasó fue que tras el tercer o cuarto día no quería ver un ordenador ni en pintura. Resultado: guardé el ordenador en el armario, apretujado entre los pantalones. Mi vida mejoró.

Lo que sucedió fue que desde ese momento tengo tiempo para rezar, para leer y pasear o pintar miniaturas. Los días se me han hecho más largos, casi como cuando era pequeño. Incluso tengo tiempo de “espacio en blanco”, libre para “no hacer nada”, que sirve de marco y transición entre una actividad y otra. En el sentido de Bergson, mi vida “dura” más aunque mis horas sigan teniendo el mismo tiempo. Ante todo y sobre todo tengo más tiempo para pensar, para escribir y menos para distraerme con un montón de rituales absurdos, encadenado por el miedo a perderme algo: comprobar el email, ir a twitter, preocuparme por la respuesta de la gente a mi último artículo, ¿para qué?, ver una página de fotos, volver a comprobar las suscripciones y todas esas “obligaciones” de la era de la web.

Algunos beneficios

  • Más tiempo
  • Mayor tranquilidad
  • Mente más clara
  • Menos preocupaciones
  • Más alegría
  • Más capacidad para pensar
  • Mayor libertad interior

Momentos de domingo

He llegado a vivir lo que llamo momentos blancos, momentos de domingo, horas de agua, suaves, claras, limpias, balsámicas, meditaciones encontradas sin buscarlas, sin esfuerzos, sin nada. Y que tampoco aportan nada sino poner alguna pequeña cosa interior en su sitio.

Prueba, a ver que pasa

Obviamente sigo usando el ordenador de mi casa. La única diferencia es que ahora lo uso como mi abuela usaba la máquina de coser: cuando le hacía falta o le apetecía crear algo hermoso. Pero cuando terminaba, no la dejaba ahí de cualquier manera recopilando polvo, la guardaba en su mueble. Lamentablemente los ordenadores no vienen con un mueble para guardarlos; los portátiles caben en un cajón, pero la pantalla me gusta grande. Sin embargo, con un poquito de minimalismo aplicado, he liberado un sitio apropiado desde ni conquista mi mesa, ni decide mi horario. Este mismo artículo, junto con la mayoría de lo que escribo, fue redactado en un cuaderno, a pluma y sin prisas, después de haber pensado lo que tenía que decir.

Me gustaría que hicieras la prueba de esconder tu ordenador; sea o no un portátil. No te va a pasar nada; yo no tengo smartphone, pero si quieres mantelo encendido, por si tienes que resolver alguna crisis mundial. Basta con que pruebes a guardar el ordenador cuando no lo uses, aunque sea un poco incómodo al principio. Sí, ¿por qué no? A ver si te gusta.

Guardar
1. tr. Tener cuidado de algo, vigilarlo y defenderlo. Guardar un campo, una viña, ganado, un rebaño.
2. tr. Poner algo donde esté seguro. Guardar dinero, joyas, vestidos, etc.
3. tr. Observar o cumplir aquello a lo que se está obligado. Guardar la ley, la palabra, el secreto.
— RAE



El niño que nos retrasa

Original de Leo Babatua1

Me llevó mucho tiempo darme cuenta de por qué, como muchas otras personas me costaba cambiar mis hábitos y realizar cambios permanentes en nuestras vidas.

Todo se reduce a un niño pequeño y ese niño pequeño vive dentro de cada uno de nosotros.

Me costó mucho dejar de fumar en 2005, porque de verdad que no me gustaba la tremenda incomodidad de resistir el poderoso deseo de fumar. Era difícil, y me buscaba excusas para abandonar, en mis peores momentos lo único que quería era volver a mi vieja y cómoda vida.

Y ya había abandonado, las siete veces anteriores en las que había intentado dejar de fumar. Me rendí a las ansias, a las racionalizaciones, a la vocecita que decía “Venga, fuma ¿por qué te complicas la vida? La vida es demasiado corta”

Esa es la voz que nos impide hacer cambios duraderos.

Esa es la voz que nos dice que está bien comerse esas pastas, esas papas fritas, ese pollo frito. ¡La vida debería ser agradable!

Es la misma voz que dice que no pasa nada por saltarse un ejercicio, porque el ejercicio no es cómodo ni divertido y preferirías estar en Facebook, jugando a los videojuegos o viendo la tele. ¡La vida es demasiado corta para pasarlo mal!

Es la misma voz que te conduce a procrastinar cuando te enfrentas a una tarea difícil. Hace que te saltes la meditación o abandones el estudio de un idioma o escribir tu libro, porque preferirías hacer algo más fácil.

Esta es la voz que te impide empezar tu propio negocio o perseguir el trabajo que siempre has querido, porque temes fracasar.

Es la voz que se rinde cuando las cosas van mal

Es la voz que se rinde cuando las cosas van mal, y te convence para que tú también abandones. Te impide encontrar el amor de tu vida, porque no quieres afrontar la incomodidad de encontrar gente nueva. Te impide aprender a estar solo contigo mismo, porque te da miedo la soledad.

Esa voz no eres tu. Es un niño pequeño dentro de ti. Es la versión pequeña de ti mismo, quizás cuando tenías 5 ó 6 años.

A este niño pequeño, este tú pequeñito, no le gustan las cosas que son incómodas, que dan miedo o que son difíciles. ¿Cómo es un niño de 5 años?

A este niño pequeño le gustan las cosas cómodas, seguras y agradables

Este es el niño que eras cuando aprendiste a pensar, cuando intentabas hacer cosas y las dejabas porque eran muy difíciles. ¿Quién podría culpar a un niño de 5 años por ser así?

Pero ya no tienes 5 años. Y sin embargo dejas que este niño de 5 años gobierne tu vida. Así lo hice yo durante muchos años, y a veces todavía me manda cuando no son consciente de lo que hago.

El truco es darte cuenta de lo que este niño de 5 años intenta que hagas. Pero no le escuches. No le obedezcas. No creas sus racionalizaciones

Puedes soportar la dificultad. Puedes aprender a soportar la incomodidad. Puedes enfrentarte al miedo.

Título Original
The Child That Holds Us Back
Autor
Leo Babauta
Enlace
http://zenhabits.net/child/



Un año aprendiendo code

¿Programar es leer?

Hace aproximadamente dos años que me topé con el movimiento que todos deberíamos aprender a programar, de la misma manera que todos aprendimos a leer en la escuela. Quien no sabe programar, se decía, es analfabeto en estos tiempos.

La expresión me parece exagerada, y lo fui dejando de lado durante un año, pero De más joven había aprendido a programar un poco y sabía que me podía ser útil así que la idea me siguió rondando la cabeza hasta que al final piqué.

Aprendiendo Code Online

Me ha gustado mucho treehouse. De verdad de la buena; los vídeos son estupendos, el material práctico va muy bien, las clases son divertidas y puedo prometer que los jóvenes profesores saben de lo que hablan. Un montón. Solo hay que echarle tiempo, ganas y saber inglés. Gracias a Dios tengo de las tres cosas.

Lo peor de aprender code online es la sensación de estar solo. Sí, hay foros y todo eso, pero parecen destinados a resolver las “dudas de clase”, no a guiarte.

Falta un mentor

Vale, a lo mejor es pasarme, a lo mejor es pedir demasiado de una web, pero, por otro lado parece poco probable que las “habilidades desnudas” sirvan de algo sin una guía en cómo poderlas emplear, sin un “meta-aprendizaje”, si me perdonáis un neologismo a martillazos. Y si no me la da nadie, esto va a ser como aprender a bicicleta, hala, a darse trompazos hasta que no me caiga. Oh, qué felicidad

Lo aprendido

Hasta el momento he llegado a dominar HTML, sé CSS3 y sobrevivo en PHP y Ruby, aunque con este último no he hecho nada práctico todavía. Ya se verá. También he aprendido un montón de habilidades auxiliares: como usar Vim, algo de SQL, manejarme decentemente en la consola, git, diseño gráfico y alguna cosita más. De paso he hecho mis cositas con Bootstrap y Foundation. Creo que ya podría dedicarme a eso del “front end”1. De haber estado en el paro, esto conocimientos2 hubieran mejorado mis posibilidades, seguro.

Aún así, siento que no he llegado a dónde quería ir. Sí, sé hacer mejor todo lo que ya sabía hacer o puedo prescindir de las herramientas comunes. En otras palabras si tengo una idea de como publicar algo en la web no tengo que esperar a que nadie abra una web estilo wordpress.com para ello. Puedo, y hasta gratis si quiero. Pero no me es suficiente

La crisis

Un año después me he visto en la crisis de haber aprendido mucho pero no saber muy bien que hacer con esas habilidades. Desde luego no quiero convertirme en el informático típico de empresa, encerrado en el sótano, manteniendo redes, aplicaciones y contestando lo del “apaga y enciéndelo”. No, mil veces no. Ya tengo un trabajo, gracias a Dios. Ni tampoco creo que la idea de aprender a programar tenga que ver con que todos nos hagamos informáticos.

Lo que sí quiero es ser capaz de hacer cosas excitantes en la red, de combinar contenido con programación para ofrecer nuevas maneras de comunicar, de hacer arte, de vivir, de crear. Y, bueno, alguna script para automatizar alguna tarea aburrida que no debiera estar haciendo ningún humano. Y menos un servidor.

Quizás me falte tiempo de maduración para que florezcan esas ideas. Es posible. Quizás debiera olvidarme del eso ya lo ha hecho alguien y lanzarme a hacer mis cosas. Quizás me falte capacidad, o quizás tiempo.

  1. La parte que de una aplicación que “ve el usuario”
  2. Para más detalles ver mi perfil en treehouse



Macedonia de miscelánea

  1. Llevo dos meses escribiendo un diario de ficción, de literatura juvenil, post-apocalíptica, que empieza con: “Lo malo es que no hay zombies”. Guillermo, un chico de catorce años es el líder de un pequeño grupo de jóvenes que sobreviven en una isla en el, Año 7 después de las muertes. Se actualiza una vez a la semana, y me encantaría que te suscribieras.
  2. He añadido tres nuevos haikus a Haiku·da
  3. José Miguel Bolivar la vuelve a clavar con GTD, herramientas para recopilar
Publicado en simplicidad

La Capa de Supermán

Los juguetes son mágicos. Transforman a los niños. Una capa de supermán les convierte en super-héroe; una pelota en Messi; una bata blanca en médico.

¿Sonríes?

Quizás debieras también sonreír por ti la próxima vez que compres un reloj de aventura, la colonia de la modelo o el libro del monje.

Yo sonrío a menudo.