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Versos sobre hojas ocres, reseña

Tengo con Inmaculada Egüés una amistad por poderes. Hizo feliz a mi madre durante unos buenos años, — dirigiendo y animando un coro — y eso siempre genera afecto aunque apenas hayamos cruzado una mirada. Hace unos días tuve la oportunidad de conocerla mejor merced al libro que ahora comento. Empecemos, querida persona desconocida

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No hay nada de malo en ser un hobbit de la comarca

El mejor plan para tu vida no tiene por qué ser un plan grandioso, de esos de los que hacen películas, puede ser muy bien amar a los que tienes al lado. Si eso te hace feliz, abrázalo. Lo digo porque muchas veces nos vemos arrastrados a la “vida Pinterest”, donde todo es perfecto o empujados por un mundo que estima que los únicos sueños que merecen la pena son los del tipo “campeón del mundo” o del “ser el verdadero minimalista vegano de la recta doctrina que vive en un armario y se alimenta de flores”.

Cuando en realidad, puede que lo que te haga feliz sea aceptar una vida sencilla, sin alharacas, ni pretensiones, ni etiquetas, ni ganas de ser el mejor. No digo que todo el mundo tenga que aceptar una vida pequeña, en una casa pequeña, que use como diversión lo que se haga en el pueblo y que prefiera la hierbecilla local al té selecto de Muylejón, pero si eso te hace feliz, a lo mejor lo que te hace triste es perder el tiempo soñando en otras cosas que, en el fondo de tu corazón, ni necesitas ni quieres.

Los hobbits que se quedaron en la Comarca quedaron muy felices mientras sus compañeros iban de aventuras. No vivieron las aventuras de Frodo, ni de Sam Sagaz, ni de Bilbo Bolsón, porque eran felices cuidando sus campos y disfrutando de sus cosechas. Sobre todo disfrutando de sus cosechas.

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Cambia tu historia para cambiar tu vida

Traducido del Original de Leo Babauta

Cuando emprendemos un nuevo cambio en nuestras vidas — ya sea un nuevo trabajo, negocio o hábito — nos contamos una historia.

Somos el héroe de nuestra historia. Lo malo es que no suele ser una historia muy buena — conlleva que como el héroe no cree que pueda triunfar, quiere dejarlo todo y tomar el camino más fácil.

Imagina si las grandes historias de todos los tiempos siguieran el esquema de nuestras historias:

  • Harry Potter no lucharía con Voldemort porque es muy difícil y, además, él lo que quiere es jugar y meterse en Reddit.
  • Ulises decide no hacer el viaje a casa porque se conoce a sí mismo –simplemente va a dejarlo, y de todas maneras, ¿podrá resistir el canto de la sirenas de Facebook e Instagram?
  • Don Quijote nunca sale de aventuras en su bravo Rocinante porque piensa que no puede hacerlo, y se queda en casa con sus libros de caballería.
  • Frodo vuelve a la Comarca, porque piensa que no tiene constancia para terminar nada.

Serían historias pésimas, ¿verdad? ¿Quién seguiría a esos tipos?

La historia que nos contamos a nosotros mismos va por esas líneas. Son diferentes para cada uno de nosotros, pero si no tenemos éxito con algo, es muy probable que sea porque nos estamos contando la historia equivocada.

Prueba ahora: piensa en un hábito que estés intentando cambiar o que hayas intentado y fracasado hace poca. Quizás ejercicio, meditación, escribir, procrastinar, lo que sea. Ahora piensa en la historia que te contaste a ti mismo sobre ti mismo. ¿Qué imagen se te viene a la cabeza? ¿La de un héroe valiente, que triunfa sobre todos los obstáculos, sin acobardarse por las fuerzas que se unen en su contra por el frío y duro universo? ¿O era la de un tipo normal que probablemente lo dejaría todo por unos bollos y Netflix cuando las cosas se ponían difíciles?

Quizás no puedas escuchar la historia que te contaste a ti mismo. En ese caso intenta descubrir cuál es el sentimiento de tu corazón cuando piensas cambiar ese hábito o emprender esa nueva etapa en tu vida. ¿Es duda, ansiedad o miedo? ¿O es alegría y triunfo? La canción que te cantas a ti mismo (aunque no te des cuenta) es de esa nota, el acorde que sientes en tu corazón.

Fracasamos debido a esta historia. Se interpone en nuestro camino, más que las mismas dificultades que atravesamos. Cuando las cosas se ponen difíciles o desagradables, nos decimos: es aceptable rendirse, no importa, ya lo haremos en otra ocasión, no tenemos disciplina, no se nos da bien, no podemos, es muy difícil, estaría bien descansar un ratito, la vida es demasiado corta para pelear, nos merecemos un premio, por una vez no pasa nada, vamos a fracasar, es mejor fracasar sin que nadie se dé cuenta, no nos apetece ahora mismo, no pensemos sobre esto, ¡mira una ardilla!

¿Y qué podemos hacer si nuestra historia está trabajando contra nosotros?

Cambiar la maldita historia. Crea una canción en la que tú eres el héroe épico de tus sueños. Canta esta canción diariamente con orgullo. Ve a por el sueño, lucha contra las fuerzas de la distracción, la monotonía y la duda, álzate a ser el mejor. Eres el escritor de tu historia, el compositor de tu canción, y cada momento es una oportunidad para re-escribirla, un nuevo borrador listo para ser editado hasta crear una historia mejor.

O deja la historia. Considera que sin la historia que te estás contando sobre que no podrías o no deberías hacer algo… solo queda la realidad del mundo a tu alrededor, no eres ni un héroe ni un fracasado. Solo tú y este momento, y es un buen momento, y sin la distracción de una historia, tienes un entendimiento básico de la bondad y el amor en tu corazón. Eso es todo lo que necesitas: toma este amor de tu corazón y sé feliz, y se compasivo contigo mismo. Las luchas contra las que has peleados pueden irse si las sueltas y, volviendo a la bondad de este momento, tomas un paso de amor.

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No, no critiquen el bien

Estos dos últimos días, tras las masacres de París, he visto gente indignada porque otra gente no se indignó por otras causas:

Los Israelíes se indignan porque la gente no se fija en lo que pasa en su país. Idém los palestinos. Los mejicanos sacan a colación los crímenes de Guerrero. Los Iraquíes ni le cuento. Yo podría haberme sentido muy ofendido por los niños de la calle. O por el Zaire, o por Myanmar. Recordar a otros países lo que pasó en España hace no tanto tiempo y no se indignaron. ¿Y qué saco con eso?

Aquí no hay un problema de hipocresía, es solo marketing. Por razones varias París resuena más en las redes sociales que…, que la mayoría de los sitios del mundo, a qué nos vamos a engañar. Recuerdo un día en Irlanda del Norte, muere un terrorista manipulando una bomba y, al mismo tiempo, una ballena vara en una playa cercana a  Port Stewart. Adivina a qué prestó atención la gente.

No, no es momento de reproches, no es momento de exigir al mundo sabiduría, porque el mundo está bastante mal. Mejor centrémonos en hacer el bien en cada oportunidad que tengamos y si hay que criticar, critiquemos lo que se hace mal, no lo que hace bien.

 

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Juguete del viento

Quien no sabe a dónde ir es un juguete del viento, un barco a la deriva, una pluma en la niebla. No basta con minimizar, no es suficiente con abandonar hábitos y desprenderse de cosas porque las tentaciones abundan por todos lados y si no sabes qué quieres hacer con tu vida, ¿cómo puedes rechazar las ofertas con las que te asalte la vida?

He intentado la reclusión, borrar todas las posibles distracciones, pero eso solo ayuda un poco. Al final el mundo siempre se las apaña para ofrecerme tentaciones. Y bueno, batallo contra ellas y muchas veces hasta gano, eligiendo lo esencial frente a lo accesorio.

Pero que tenga que batallar, es una alarma. Veréis, cuando estaba haciendo oposiciones no se me pasaba por la imaginación ninguna distracción importante. Sí, habían pequeñas cosas para relajarme, pero, si alguien me sugería hacer una carrera, el “no” corría a mi lengua. Ahora, que estoy estable en lo económico, tengo que pensarlo.

Y pensarlo,

una,

y otra vez,

y otra,

cada vez que alguien me propone algo.

Porque la verdad es que ahora me toca descubrir a dónde quiero ir. Pensarlo de una vez, para no dispersarme en millones de direcciones a la vez.

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Yo sí me arrepiento de mucho

Me asombra la ligereza de la frase “yo no me arrepiento de nada”. ¿Qué clase de heroína puede decir tal cosa? Hombres, ninguno. ¿Quién puede mirar atrás un solo día, –ni hablo de toda una vida–, y decir sinceramente que no se arrepiente de nada. Pues lamentablemente muchos.

¿Voy a meterme a especular qué pasa por la cabeza de quién pronuncia esa frase? Me da que un pensamiento muy superficial, unas ganas de no incordiarse a uno mismo, un miedo a no enfrentarse a las verdades, una pereza de que no querer enmendar los propios fallos, o una necesidad de presentarse como una persona fuerte. En cualquier caso puede ser verdad que no se arrepienten de nada, pero también es verdad que tienen mucho de qué arrepentirse.

Yo, por mi parte, sí que me arrepiento de mucho. De muchas decisiones que he tomado y de muchas más que no he tomado, y hasta de cómo he hecho muchas cosas. Eso no significa que viva triste o derrotado, sino una simple aceptación de la realidad, que siempre se empeña en ser como es y no como yo quiero que sea; aunque esa realidad sea yo mismo.