Publicado en Literatura Juvenil, Novela, Reseña

Los niños de la viruela, impresiones

Me hubiera gustado mucho que me gustara esta novela. El tema es de los que excitan mi interés: nada menos que los de un grupo de huérfanos a los que se transforma en vacunas humanas para ser llevados a América en la época de los navíos de vela. El asunto tiene ya de entrada una fuerte carga ética impresionante, dentro de la vieja discusión de si el fin justifica los medios. Desde luego cualquier profesor podría sacar de aquí mucha miga para tratar cuestiones de ciudadanía, de ética y de historia, y a cualquier adulto también debería llamarle a la reflexión.

La lectura es ligera, incluso en el ambiente del autobús en máxima afluencia, me resultó fácil correr de página a página, perfectamente concentrado en la lectura. Son letras sin florituras pero efectivas y creo que con mucha menos edad lo hubiera terminado en un par de semanas como mucho, salvando épocas de exámenes y otras emergencias de estudiante joven.

Pero el tono didáctico que tiene me resulta ahora un obstáculo. La autora busca en todo momento enseñar y aunque, antes me hubiera parecido un sacrificio necesario, ahora lo veo como algo extraño, como si estuviera leyendo un libro de texto más que una narración.

Pero quizás lo que más me haya hecho desistir de la lectura es la manera un tanto simplista de entender la historia de España. Vale, es para niños, y yo ya no soy ningún niño ni cosa parecida, más que me pese, pero aún así esperaba un poco más de una novela envuelta en premios y tan buenas críticas. Será que yo soy el raro, en fin, si acaso le doy otra oportunidad ya os contaré más.

Publicado en Novela, Reseña

La tierra permanece

Portada Original de 1949

Me ha costado mucho terminar esta novela. No se lo tengáis en cuenta. Hace mucho que me pongo a leer nada que sea larga, o incluso a ver nada que dure más de media hora. El signo de estos tiempos en el que también he caído, supongo, que parece que para ser bueno ha de ser breve.

En fin, no hablemos de mis cuitas personales, “La tierra permanece”, —”Earth Abides” en su versión original — es, se dice, una de las primeras novelas post-apocalípticas, y se dice bien. El argumento parte de una enfermedad que en cuestión de semanas extermina a la práctica totalidad de la humanidad y, a partir de ahí, va examinando la vida de los pocos supervivientes y de la pequeña comunidad que construyen. Sin embargo, diciendo que es una novela post-apocalíptica se dice muy poco.

Es, más que eso, una novela de poca acción, de mucha reflexión, profundamente antropológica y ecológica. Busca la respuesta a qué es el ser humano, cómo se estructuran las sociedades humanes y cuál es su vasta influencia en el medio natural. Todos los sucesos, las aventuras son ilustraciones de esta reflexión; casi es un ensayo en forma de novela y nada refleja mejor este aspecto que el protagonista, Ish, un intelectual que ha de reconvertirse primero en superviviente, después en padre y finalmente en líder político, casi a su pesar, y espiritual, completamente a su pesar, de su pequeña comunidad, hasta desvanecerse en el reino de los antepasados.

Es un Apocalipsis plácido

En gran parte estos son los temas que a mí también me atraen al género post-apocalíptico, aunque este sea un poco más suave del que prefiero habitualmente. No hay casi nunca ningún peligro inmediato para la vida; casi no hay violencia, la gran enfermedad ha exterminado también las pequeñas enfermedades, es un Apocalipsis, pasada la primera crisis, plácido, en el que los supervivientes viven casi sin trabajar, solo de recolectar los excedentes de la civilización moribunda. Nadie, salvo el protagonista, piensa en el futuro y esto pone un punto de pesimismo en esta historia; los seres humanos, la humanidad sobrevive pero perdiendo casi todo lo avanzado, volviendo a un momento casi-primitivo, a una especie de neolítico raro que re-descubre las viejas tecnologías según se van necesitando.

Bueno, no sé qué será el realismo de todo eso, yo por mi parte, lo que tenga que decir lo dejaré para mi propia novela, una que ya está escrita y no sé si me atreveré a que vea la luz.

Veremos.

Publicado en Novela, Reseña

Goblin, de Ever Dundas

Encontré mi tierno Goblin en una pequeña librería de Ullapool, en Wester Ross, Escocia. Volvía de una semana de acampada libre y kayak, y, de nuevo en la civilización no pude contener mis ansias de acopio de libros. Me hice con un ejemplar de leyendas de las Hébridas, otro sobre la fauna de las islas y éste.

Goblin, su protagonista, es una niña de doce años, rechazada por su madre, que vive con una familia de animales abandonados en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Y Goblin, muchos años después, casi anciana se ve forzada a recordar.

Desde Oliver Twist me fascinan las historias de huérfanos y Goblin tenía una portada tan cuidada y la trama de la solapa era tan sugerente que decidí abrazarla. Profundizar en su lectura costó un pocó más. No va de goblins, no va de fantasía, ni siquiera va de infancia, no es plenamente. –me atrevo a discrepar con Peter Ross–, una picaresca.

Es más bien un tapiz trenzado de recuerdos y del realismo fantástico que naturalmente surgen de una niña. Sus hebras tienen colores de cariño, de amor por lo pequeño y lo despreciado y pasión ante la injusticia. Muestra la belleza que otros no saben ver y hace reflexionar. Nos muestra, nos permite vivir el abandono y el desprecio y cómo se sobrevive. Vemos cobrar protagonismo a las mujeres solitarias y excéntricas, a los animales y a los niños; y es un protagonismo iluminado de amor y conocimiento.

No es un libro fácil de leer, sobre todo porque no está traducido al español —ayer (1/3/2018), lo confirmé con su autora via twitter—, pero si tenéis la oportunidad desde luego merece la pena.

 

Publicado en Ficción Interactiva, Reseña

Ítaca, viaje ¿a ninguna parte?

No toda la ficción interactiva es un juego. Ítaca, un viaje a ninguna parte es un buen ejemplo, a pesar de su estética de videojuego antiguo. Sirva de advertencia para quien se acerque a ella con ánimo de “ganar”. Se frustará, lo que quizás sea bueno porque ésto parece ser lo que busca su autor, Santiago Eximeno. Ahora bien, está frustración es de la clase que llama a la reflexión, y no se tarda mucho en alcanzarla.

Ocho clicks y nueve párrafos; esto es todo y, sin embargo, suficiente para meditar.