Diarios de ficción

Me gusta escribir diarios de ficción. A diferencia de un diario privado, en un diario de ficción puedo mostrar cosas comunes bajo un ángulo interesante sin comprometer ni ofender a ninguna persona real. A mis protagonistas los puedo llevar a toda clase de aventuras, peligros y situaciones embarazosas que deberán aceptar sin protesta alguna. Incluso si, como muchas veces pasa, toman mágicamente vida propia pueden mostrar lo que incluso para mí estaba escondido. Sí, nuestros personajes, en toda obra de ficción, —más aún en un diario— escriben con nosotros. Tan importantes son que de unos seres creados por nosotros, acaban por convertirse en parte de nosotros mismos. Sí, del lector, pero también y sobre todo del escritor. Entre ellos y yo acabamos con hacerlos interesantes, resueltos, valientes incluso afrontando los miedos y tan buenos como sea posible. O eso intento. Soy, ya vez, un antiguo y me gusta que mis protagonistas tenga algo de héroes y santos, al mismo tiempo que torpes, mequetrefes y cobardicas, aunque ni ellos mismos sean conscientes de ello. Curiosamente eso sigue siendo de interés al lector joven. Quizás porque al final, por imposible y risible que parezca, todos queremos ser santos y sabrá Dios qué imposibles más.


					

Los niños de la viruela, impresiones

Me hubiera gustado mucho que me gustara esta novela. El tema es de los que excitan mi interés: nada menos que los de un grupo de huérfanos a los que se transforma en vacunas humanas para ser llevados a América en la época de los navíos de vela. El asunto tiene ya de entrada una fuerte carga ética impresionante, dentro de la vieja discusión de si el fin justifica los medios. Desde luego cualquier profesor podría sacar de aquí mucha miga para tratar cuestiones de ciudadanía, de ética y de historia, y a cualquier adulto también debería llamarle a la reflexión.

La lectura es ligera, incluso en el ambiente del autobús en máxima afluencia, me resultó fácil correr de página a página, perfectamente concentrado en la lectura. Son letras sin florituras pero efectivas y creo que con mucha menos edad lo hubiera terminado en un par de semanas como mucho, salvando épocas de exámenes y otras emergencias de estudiante joven.

Pero el tono didáctico que tiene me resulta ahora un obstáculo. La autora busca en todo momento enseñar y aunque, antes me hubiera parecido un sacrificio necesario, ahora lo veo como algo extraño, como si estuviera leyendo un libro de texto más que una narración.

Pero quizás lo que más me haya hecho desistir de la lectura es la manera un tanto simplista de entender la historia de España. Vale, es para niños, y yo ya no soy ningún niño ni cosa parecida, más que me pese, pero aún así esperaba un poco más de una novela envuelta en premios y tan buenas críticas. Será que yo soy el raro, en fin, si acaso le doy otra oportunidad ya os contaré más.

La tierra permanece

Portada Original de 1949

Me ha costado mucho terminar esta novela. No se lo tengáis en cuenta. Hace mucho que me pongo a leer nada que sea larga, o incluso a ver nada que dure más de media hora. El signo de estos tiempos en el que también he caído, supongo, que parece que para ser bueno ha de ser breve.

En fin, no hablemos de mis cuitas personales, “La tierra permanece”, —”Earth Abides” en su versión original — es, se dice, una de las primeras novelas post-apocalípticas, y se dice bien. El argumento parte de una enfermedad que en cuestión de semanas extermina a la práctica totalidad de la humanidad y, a partir de ahí, va examinando la vida de los pocos supervivientes y de la pequeña comunidad que construyen. Sin embargo, diciendo que es una novela post-apocalíptica se dice muy poco.

Es, más que eso, una novela de poca acción, de mucha reflexión, profundamente antropológica y ecológica. Busca la respuesta a qué es el ser humano, cómo se estructuran las sociedades humanes y cuál es su vasta influencia en el medio natural. Todos los sucesos, las aventuras son ilustraciones de esta reflexión; casi es un ensayo en forma de novela y nada refleja mejor este aspecto que el protagonista, Ish, un intelectual que ha de reconvertirse primero en superviviente, después en padre y finalmente en líder político, casi a su pesar, y espiritual, completamente a su pesar, de su pequeña comunidad, hasta desvanecerse en el reino de los antepasados.

Es un Apocalipsis plácido

En gran parte estos son los temas que a mí también me atraen al género post-apocalíptico, aunque este sea un poco más suave del que prefiero habitualmente. No hay casi nunca ningún peligro inmediato para la vida; casi no hay violencia, la gran enfermedad ha exterminado también las pequeñas enfermedades, es un Apocalipsis, pasada la primera crisis, plácido, en el que los supervivientes viven casi sin trabajar, solo de recolectar los excedentes de la civilización moribunda. Nadie, salvo el protagonista, piensa en el futuro y esto pone un punto de pesimismo en esta historia; los seres humanos, la humanidad sobrevive pero perdiendo casi todo lo avanzado, volviendo a un momento casi-primitivo, a una especie de neolítico raro que re-descubre las viejas tecnologías según se van necesitando.

Bueno, no sé qué será el realismo de todo eso, yo por mi parte, lo que tenga que decir lo dejaré para mi propia novela, una que ya está escrita y no sé si me atreveré a que vea la luz.

Veremos.

Un pliegue en el tiempo – Una arruga en el tiempo – Madeleine L’Engle

Reseña del libro “Una arruga en el tiempo”. Curioso que, según Bitterblink, tenga estupendos personajes pero una trama floja. Ya veremos como va la película.

Un libro para esta noche

Reseñado por Bitterblink

Una arruga en el tiempo - Madeleine LEngle Una arruga en el tiempo – Madeleine LEngle

Madeleine L’Engle era una escritora estadounidense (fallecida en 2007) profundamente religiosa (episcopaliana) que escribió una gran cantidad de libros infantiles. Creció como una niña tímida y apocada, rechazada por sus compañeros y considerada “estúpida” simplemente por ser diferente, esa parte vital la reflejó en sus libros así como la estrecha relación con su padre enfermo (un corresponsal de guerra que fue afectado por gas mostaza durante la I Guerra Mundial).

Esta es su primera novela publicada (en 1962) y el primero de una serie de 5 libros que fueron un éxito editorial en EEUU. Es un ejemplo de tesón puesto que se publicó tras 30 rechazos de editoriales (tras múltiples anteriores con otros manuscritos). Tiene el honor de ser segundo el libro infantil / juvenil más leído en las escuelas tras “La tela de Charlotte”.

El 9 de Marzo…

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Goblin, de Ever Dundas

Encontré mi tierno Goblin en una pequeña librería de Ullapool, en Wester Ross, Escocia. Volvía de una semana de acampada libre y kayak, y, de nuevo en la civilización no pude contener mis ansias de acopio de libros. Me hice con un ejemplar de leyendas de las Hébridas, otro sobre la fauna de las islas y éste.

Goblin, su protagonista, es una niña de doce años, rechazada por su madre, que vive con una familia de animales abandonados en el Londres de la Segunda Guerra Mundial. Y Goblin, muchos años después, casi anciana se ve forzada a recordar.

Desde Oliver Twist me fascinan las historias de huérfanos y Goblin tenía una portada tan cuidada y la trama de la solapa era tan sugerente que decidí abrazarla. Profundizar en su lectura costó un pocó más. No va de goblins, no va de fantasía, ni siquiera va de infancia, no es plenamente. –me atrevo a discrepar con Peter Ross–, una picaresca.

Es más bien un tapiz trenzado de recuerdos y del realismo fantástico que naturalmente surgen de una niña. Sus hebras tienen colores de cariño, de amor por lo pequeño y lo despreciado y pasión ante la injusticia. Muestra la belleza que otros no saben ver y hace reflexionar. Nos muestra, nos permite vivir el abandono y el desprecio y cómo se sobrevive. Vemos cobrar protagonismo a las mujeres solitarias y excéntricas, a los animales y a los niños; y es un protagonismo iluminado de amor y conocimiento.

No es un libro fácil de leer, sobre todo porque no está traducido al español —ayer (1/3/2018), lo confirmé con su autora via twitter—, pero si tenéis la oportunidad desde luego merece la pena.