Publicado en minimalismo, sabiduría

No hay nada de malo en ser un hobbit de la comarca

El mejor plan para tu vida no tiene por qué ser un plan grandioso, de esos de los que hacen películas, puede ser muy bien amar a los que tienes al lado. Si eso te hace feliz, abrázalo. Lo digo porque muchas veces nos vemos arrastrados a la “vida Pinterest”, donde todo es perfecto o empujados por un mundo que estima que los únicos sueños que merecen la pena son los del tipo “campeón del mundo” o del “ser el verdadero minimalista vegano de la recta doctrina que vive en un armario y se alimenta de flores”.

Cuando en realidad, puede que lo que te haga feliz sea aceptar una vida sencilla, sin alharacas, ni pretensiones, ni etiquetas, ni ganas de ser el mejor. No digo que todo el mundo tenga que aceptar una vida pequeña, en una casa pequeña, que use como diversión lo que se haga en el pueblo y que prefiera la hierbecilla local al té selecto de Muylejón, pero si eso te hace feliz, a lo mejor lo que te hace triste es perder el tiempo soñando en otras cosas que, en el fondo de tu corazón, ni necesitas ni quieres.

Los hobbits que se quedaron en la Comarca quedaron muy felices mientras sus compañeros iban de aventuras. No vivieron las aventuras de Frodo, ni de Sam Sagaz, ni de Bilbo Bolsón, porque eran felices cuidando sus campos y disfrutando de sus cosechas. Sobre todo disfrutando de sus cosechas.

Publicado en minimalismo, sabiduría

Juguete del viento

Quien no sabe a dónde ir es un juguete del viento, un barco a la deriva, una pluma en la niebla. No basta con minimizar, no es suficiente con abandonar hábitos y desprenderse de cosas porque las tentaciones abundan por todos lados y si no sabes qué quieres hacer con tu vida, ¿cómo puedes rechazar las ofertas con las que te asalte la vida?

He intentado la reclusión, borrar todas las posibles distracciones, pero eso solo ayuda un poco. Al final el mundo siempre se las apaña para ofrecerme tentaciones. Y bueno, batallo contra ellas y muchas veces hasta gano, eligiendo lo esencial frente a lo accesorio.

Pero que tenga que batallar, es una alarma. Veréis, cuando estaba haciendo oposiciones no se me pasaba por la imaginación ninguna distracción importante. Sí, habían pequeñas cosas para relajarme, pero, si alguien me sugería hacer una carrera, el “no” corría a mi lengua. Ahora, que estoy estable en lo económico, tengo que pensarlo.

Y pensarlo,

una,

y otra vez,

y otra,

cada vez que alguien me propone algo.

Porque la verdad es que ahora me toca descubrir a dónde quiero ir. Pensarlo de una vez, para no dispersarme en millones de direcciones a la vez.

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Decidir es cortar

Ese pelo hay que cortarlo
CC Mathew (Purplefish)

Etimológicamente decidir viene de cortar. Esto tiene importancia porque nos permite ilustrar el hecho de que toda decisión supone cortar algo de nuestras vidas. Esto es así seamos o no conscientes de ello. Toda decisión tiene un coste aunque sea el coste de perder otra oportunidad. El coste de trabajar en tu mejor proyecto significa dejar de hacer otras cosas, malas o buenas, pero en todo caso peores que tu mejor proyecto. El coste de trabajar en alguna cosa inferior supone abandonar, en todo o en parte, alguna cosa superior.

Aquí hay dos peligros: el primero el que viene de cuando no somos conscientes de los costes de nuestra decisión o nos equivocamos. Por eso hay que dedicar cierto tiempo a meditar y, sobre todo al principio, a tener cierta actitud de explorar. Por ejemplo, si no sabes si el Nanowrimo es para ti, inténtalo tres días. Si va mal lo dejas, no porque hayas fracasado sino porque tenías cosas más importantes que hacer.

El peligro más grave, sin embargo, es la arrogancia de creer que podemos hacerlo todo. El resultado inevitable es que avanzamos un paso al norte, un paso al sur, un paso al este y un paso al oeste, volviendo a dónde estábamos en el principio, solo que más cansados.

Caveat.

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Costes Hundidos

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Sinking Fence

Sabia Vida es un ejemplo de coste hundido. El blog que congelé ayer me ha llevado muchos años de esfuerzos y como resultado tiene una buena posición SEO y una interesante colección de contenidos. Parece estúpido borrarlo, cerrarlo o congelarlo. Sin embargo, esto último, congelarlo, es lo que he hecho. ¿Por qué? Porque desde hace tiempo llevo sintiendo que no es lo que quería hacer. Y vale ya hablar de eso.

¿No os ha pasado lo de terminar de ver una película rematadamente mala con la única excusa de haber pagado ya por ella? Entonces ya sabes lo que es un coste hundido y cómo ese coste hundido nos lleva a perdernos. Pasa mucho en el ajedrez, que se enfrasca uno con una jugada preciosa, para la que a lo mejor se ha sacrificado un peón, a pesar de que el contrincante ya ha encontrado una defensa efectiva y prepara un contraataque demoledor. Resultado: derrota absurda.

Pues esto pasa también en la vida y debemos protegernos de ello. No sigas haciendo algo solo por que “siempre lo has hecho”, o porque has gastado tantos esfuerzos y dinero que estás dispuesto a seguir gastando y gastando para no reconocer que ya has malgastado lo perdido. Es como aquellos generales que viendo que no pueden ganar la guerra, se empecinan en ella, justificándose en que si no, “toda la sangre derramada habrá sido en balde”, cuando deberían reconocer que sí, toda esa sangre derramada no ha servido para nada y no hay necesidad de derramar ninguna más.