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Wargames a lo minimalista

Hace mucho tiempo, en la época de Featherstone consistían en juntar unas miniaturas de plomo, unos dados y lanzarse a jugar sobre una mesa. Era un hobby sencillo suministrado por artesanos y pequeños talleres que involucraba la imaginación y la creatividad de los participantes, además de su interés por la historia y el estímulo intelectual

Pero después vinieron las grandes compañías, sobre todo una para atraparnos a todos. Las listas de ejércitos, que en su momento eran guías, se transformaron en colecciones de miniaturas que tenías que comprar. Los reglamentos se empezaron a diseñar para favorecer la compra de más y más miniaturas y cuando uno pensaba tener la colección hecha, una nueva lista de ejército, o un sutil cambio en las reglas hacía que tu plomo no valiera nada. Todo ello en un entorno donde se tardaba más en pintar las miniaturas que en jugar, y que cuando consigues jugar pasas horas en un fastuoso concurso de tirar dados.

Otra manera de hacerlo

Hay otra manera de jugar. Es posible plantear escaramuzas con no más de 20 miniaturas por bando. De esta manera se puede tener una partida rápida, fresca, incluso jugar varias partidas en una tarde, o en un rato después de comer. Con 20 miniaturas es posible dedicarles cariño a cada una, si te gusta el miniaturismo, o terminar de pintar en un periquete y medio si lo que te interesa es el juego y nada más.

Hablo por práctica. Mi juego, Tierras Distantes, que modestamente me ha quedado bastante chulo. Es rápido, es divertido, sencillo y sin embargo necesita de tanta estrategia como cualquier otro juego de guerra con miles de reglas.