Pieni y koruton

Nunca pensé llegar tan lejos, solo quería jugar un poco a ser poeta, experimentar con el haikú y el haibún buscando una forma de expresarme distinta al clásico pero sin llegar tampoco al verso libre porque pienso que es bueno someterse a alguna regla, y aún me parezca pretencioso definir una nueva forma poética, creo que no me queda más remedio si quiero

Sin embargo aún está este esfuerzo muy verde para formalizarlo en reglas aunque sean provisionales, salvo una, veamos que me sale:

Busco un poema breve, poco pretencioso en las formas, inteligible para el lector y que llame a la pausa y a la meditación.

Me vale por ahora, y con esto tengo ya buscados dos nombres. Se llamarán pieni y koruton. Pieni, pequeño en finlandés, servirá para identificar lo que derive del haikú, mientras que koruton, “no sofisticado” (pronunciése como una palabra llana) lo que salga de mi experimentación con el haibun. Si te da curiosidad saber porqué escogí estas palabras finlandesas viene a que el finlandés no es difícil de pronunciar para el hispanohablante (otra cosas es que entiendas nada) pero a la vez me ofrece palabras suficientemente distintas como para no confundirse con ninguna otra.

Los resultados los clasificaré en la nueva categoría de “poesía experimental”, posiblemente haciendo una referencia al haikú o al haibún en las etiquetas, además de pieni y koruton. Y esto es por ahora, ya iré ajustando según necesite, suponiendo que este proyecto llegue a alguna parte, claro. 🙂 Deseadme suerte.

Montes en el asfalto, haibun

junto al árbol
montes en el asfalto
raíces libres

A las ocho de la mañana de hoy, 12 de octubre de 2019, salí para algo tan poco poético como hacer unos kilómetros en mi parque. Es muy buena hora el sábado porque ya se han ido los corredores más tempraneros y los niños aún no han llegado. (¿Es así en tu ciudad?) Así que puedo aprovechar para correr a gusto con la bici, sin tener que estar esquivando carritos de bebé, señores despistados y demás invasores del carril bici, que Dios confunda y ¡arggh! pirata. Sin olvidar las niñas de patines y bicicletillas de “ruedines” que, —teniendo todo el derecho del mundo,—dificultan mi correr. Pero a las ocho no hay casi nadie, hasta compartes una sonrisa con otro loco como tú que te encuentres a esa hora solitaria.

Pero nada es perfecto y los árboles que plantaron lanzan sus raíces bajo el delgado y estrecho asfalto del carril. Son raíces gruesas que empiezan agrietando el suelo y acaban por hacer surgir cordilleras en miniatura. Nada de particular, salvo cuando vas rápido en una bicicleta. Opciones: dos o esquivarlos o arriesgarse a salir volando. Soy ya demasiado maduro, por lo menos en años, para lo segundo, sobre todo porque nunca he sido precisamente un héroe del deporte, así que a esquivar y frenar, con la consiguiente frustración. Pero incluso esta pequeña rabia trae un poco de alegría: está bien que la naturaleza sea un poco rebelde.

Diarios de ficción

Me gusta escribir diarios de ficción. A diferencia de un diario privado, en un diario de ficción puedo mostrar cosas comunes bajo un ángulo interesante sin comprometer ni ofender a ninguna persona real. A mis protagonistas los puedo llevar a toda clase de aventuras, peligros y situaciones embarazosas que deberán aceptar sin protesta alguna. Incluso si, como muchas veces pasa, toman mágicamente vida propia pueden mostrar lo que incluso para mí estaba escondido. Sí, nuestros personajes, en toda obra de ficción, —más aún en un diario— escriben con nosotros. Tan importantes son que de unos seres creados por nosotros, acaban por convertirse en parte de nosotros mismos. Sí, del lector, pero también y sobre todo del escritor. Entre ellos y yo acabamos con hacerlos interesantes, resueltos, valientes incluso afrontando los miedos y tan buenos como sea posible. O eso intento. Soy, ya vez, un antiguo y me gusta que mis protagonistas tenga algo de héroes y santos, al mismo tiempo que torpes, mequetrefes y cobardicas, aunque ni ellos mismos sean conscientes de ello. Curiosamente eso sigue siendo de interés al lector joven. Quizás porque al final, por imposible y risible que parezca, todos queremos ser santos y sabrá Dios qué imposibles más.


					

Diario haikú, ¿haibun?

He empezado sin pretenderlo una especia de diario poético por el curioso mecanismo de escribir un haikú, (acentuado por aproximarme mejor a la pronunciación japonesa), al día.

Lo hago así porque los sentimientos, imágenes y meditaciones que contienen son esencialmente las misma que podrían compeler a otro ser humano y, —por otra parte—, a nadie dañan. Si hablara de las pequeñeces de la oficina, quizás solo interesaran a otro oficinista o me maldijera porque recordarle las miserias del trabajo. Además tendría que bailar con la verdad y la mentira para no ofender a nadie.

La poesía me permite evitar esos compromisos, quizás con mayor libertad aún que la ficción. Con el tiempo, es verdad, ni yo mismo recordaré que sucesos me inspiraron qué poemas; a veces algo tan sencillo, bello y horrible como una mancha iridiscente de diesel en el agua. Pero seguramente sea mejor así; la memoria no es más que la autobiografía que nos confeccionamos a nosotros mismos con retales de realidad y parches de ficción, pero la meditación, esto es, el pensar sobre lo pensado, rescata la verdad de todas las cosas.

crujen las llamas
ante mis pies cansados
cerca la bici

Una nota sobre este blog

Se dice, y debe ser verdad que un blog debe ceñirse a un tema. Pero en mi caso, seguir ese consejo ha supuesto crear miles de blogs diferentes que no van a ninguna parte, que a veces ni recuerdo. Por eso muchos años después de ese consejo y sin sueños de fama ni riquezas, déjame probar escribir de lo que me parezca en un solo sitio. Si no sirve para que el blog se haga popular, al menos que sirva para no volverme loco.

Y sin otro particular, empezaré otro post.

IF + librojuego

Estoy explorando el género de la ficción interactiva empezando por el principio. El primer paso es una aventura de texto que estoy programando en Ruby desde cero. Mi idea es entender los desafíos del género para el programador, ver los límites que impone al diseño, y aplicar todo lo aprendido para la segunda fase:

Hacer evolucionar al librojuego, como ya han hecho muchos, de manera que supere las limitaciones del libro físico, pero sin perder de vista que la narrativa es esencial.

Y bueno,  esto es todo el plan. De momento tengo un prototipo de aventura de texto muy sencilla (12 “habitaciones”). Cuando esté terminada, seguramente intente una mayor, para enterarme de lo que es un “juego de verdad”; y a partir de ahí, ni idea, tendré que decir con lo que aprenda.