Séneca: la caridad empieza en casa

La naturaleza me ordena ser útil a los hombres; sean esclavos o libres, de padres libres o libertos, de libertad legal o dada entre amigos. ¿qué importa?. Dondequiera que haya un hombre, allí hay lugar para un beneficio. Se puede, por tanto, repartir el dinero aún sin franquear el propio umbral, y ejercer la liberalidad; la cual no se llama así porque se deba a los libres, sino porque parte de un alma libre.

Comentarios

Ave, Lucio Anneo Séneca. Salud y Felicidad. Me cuento entre tus partidarios gracias a reflexiones como ésta. Yo mismo he encontrado en la vida que la generosidad es de los valientes pues es suponer un riesgo que no todos son capaces de asumir. Me uno a tus palabras en cuanto dices que la generosidad parte de un alma libre.

Quien es esclavo de sus propios vicios lleva consigo una deuda eterna de miedos y restricciones a su obrar —y muchas veces también otra deuda al prestamista— que dificultan o impiden compadecerse de su prójimo o de actuar para socorrerle. Porque quien vive para sus vicios apenas puede apreciar las dificultades ajenas y si acaso la apreciara, ¿no sentirá que debe primero pagar a sus amos, es decir a sus vicios? Quien necesita telas púrpuras para comprarse una felicidad falsa, ¿no llevará sus ganancias al tintorero? Quien ha rodearse de esclavos para sentirse importante, ¿no gastará su fortuna en su manutención? Quien vive para el aplauso de los críticos, ¿qué tiempo tendrá para que el sufre soledad?

Miguel de Luis Espinosa