4 de diciembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, hoy diría que Heather está mejor, con lo que supuestamente todo tendría que ser inmensa alegría y felicidad completa, pero es que Sargento Mamá ha dicho junto con los otros adultos que tenemos que hacer un viaje de aprovisionamiento. Lo que significa ir al viejo puerto de Mallaig, donde iban los barcos a Skye y a las islas pequeñas y donde hacían la pizza mejor del mundo. Pero ya no, porque los supervivientes de las muertes lo abandonaron hace 3 ó 5 años, algo así. Es que las ropas se nos están haciendo viejas, sobre todo la de los niños, incluyendo la mía y hay que buscar nueva. Así que nos toca viajar, coger la ropa de invierno que podamos encontrar y volver sin que nos maten los orcos. (Esa es la parte algo deportiva y excitante).

Aún no se sabe quien va a ir. Sargento Mamá dice que iremos con el primer buen viento, antes de que venga el invierno verdadero; es que este no es el invierno de mentira, es solo el otoño. Me gustaría que Heather y yo estuviéramos entre los elegidos, sé que es peligroso y todo eso, pero haces algo mejor que lo aburrido de la isla y además si matan a mamá es como si me mataran a mí, —así pienso— y para eso mejor ir que no ir.

Además puedo escoger mi ropa.

Orcos no creo que haya ninguno porque las otras veces no había. Pero si hubiera, esta vez sería diferente. Hemos pasado mucho tiempo teniendo miedo a esos monstruos, a que nos ataquen de noche, como bestias salvajes, o a escondidas, o con mentiras, o con inventos. Siempre son así. Y tengo muchas ganas de robarles algo a ellos, esta vez. Sé que suena malo, cruel y vengativo. Y bueno, es vengativo. A papá no le hubiera gustado que sintiera esto que estoy sintiendo, pero lo siento. Diría: “cuando caces a un monstruo ten cuidado de no convertirte en él”, o algo así.

Y sería verdad. Pero es que tengo muchos enfados dentro, como dragones rabiosos que quieren salir y hacerse grandes y matarlos a todos.

Aunque en realidad no los quiero matar. Ni siquiera quiero que mueran. Pero sí ganarles y dejar de tenerles miedo. Aunque quizás a los monstruos solo se les puede dejar de tener miedo cuando no existen. O decidir, “no les tengo miedo” y aunque lo tengas si juegas a que no les tienes miedo tu espíritu está en paz. Voy a hacer un dibujo de los dragones de mi interior matando a los orcos imaginarios, con fuego y lanzando rocas por el aire y atacando con sus garras afiladas, descendiendo desde el cielo con su fuerza poderosa, infligiendo el terror a ejércitos de goblins cobardes.

Eso ya me calma un poco. Es lo bonito de la fantasía.

Ojalá me dejen ir.

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Imagen: miniatura del Bestiario de Aberdeen

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