29 de noviembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, estoy sumido en una plácida tristeza. Anoche no vinieron ni mis amigos fantasmas, ni Fantasma abuela ni Fantasma papá. Ninguno acudió cuando los llamé. Es el fin de todo. Ahora te cuento cómo lo sé.

No te contaré nada del resto que pasó este día, no es muy interesante, o no me lo parece ahora. Es por mi plácida tristeza que a mí me parece madura y filosófica pero que seguro que los adultos se reirían si me escucharan usar esos adjetivos calificativos. Bueno, nada más, no digo nada más, estoy perdiendo el tiempo.

Me acosté tarde, cuando el sueño me obligó, el sueño y las lágrimas porque no vino Fantasma papá y eso fue lo peor. Como un abandono y traición, algo así como Robert the Bruce y William Wallace. Papá siempre venía conmigo cuando lo llamaba, tuviera problemas o estuviera todo bien, como ayer. Pero no vino anoche. A veces también venía sin que yo lo llamara, pero no vino anoche. Podría hacer un poema con esto pero no merece la pena, porque no vino anoche. Tampoco vinieron los demás. Nunca había pasado, nunca después de las muertes, lo cual es lógico porque no puedes ser fantasma antes de morirte, —eso creo, es que no tengo el libro de reglas de los fantasmas.

Me despertaron mis penas más temprano de lo necesario para la guardia de la madrugada. Hacía mucho frío, y no es imaginación porque se veía en el termómetro del faro: tres grados afuera, diez grados dentro. Es decir que es momento perfecto para fantasmas. Pero no vinieron. Fue un amanecer nublado y oscuro, pero no vinieron. Solo vinieron mamá, Heather, Colina y Laika, su amiga y vieron mi tristeza, pero yo solo les dije: “un mal recuerdo”. Y eso basta para que nadie diga nada más, porque después de las muertes todos tenemos malos recuerdos.

Y así empezó mi día.

Pero está terminando mejor.

Sargento Mamá acaba de hablar conmigo solo y me dijo que anoche Fantasma papá, (ella no lo llama así) había venido a sus sueños, a despedirse. Sé que no miente porque lloraba un poco y ningún sargento miente llorando, aunque sea un poco. Además no le he contado nada de lo de anoche. Bueno, pues me dijo que adiós para mí también, que nos quería y eso, que sabía que necesitaba un padre y… (mamá lloró ahí cuando me lo dijo y yo ahora, pero sigo) y… pero que ya no lo era

Se ha ido poco a poco, se ha ido desvaneciendo desde que murió,
desde que lo asesinaron,
porque ahora es solo recuerdos e imaginaciones
Y no me rebelé, no chillé, no hice nada como quizás era lo esperable. Es que no quieres que sea verdad lo malo.
Pero a la Verdad le da igual lo que tú sientas o pienses.

La Verdad es la Verdad, es la Reina de todo.
Besé a mamá y ella a mí. — — (La Verdad no besa)
Sé que un día morirá. Sé qué moriré.

Lo que no se sabe es quién lo hará antes.

Esperemos que después de muchos años felices.
Muchos años,
felices,
felices,
felices.
Yo haré lo que pueda.

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