26 de noviembre, diario de Guille

Querida persona desconocida, casi me olvido de escribir “querida persona desconocida”, lo que hubiera sido un desastre. Claro que lo importante de hoy ha sido otra cosa: nuestra nueva normalidad ha empezado. Sí estamos viviendo en nuestro faro pero todo lo demás no ha cambiado mucho, seguimos trabajando en las mismas cosas que los demás, solo que hay que caminar a los campos y volver caminando al faro a la hora de cenar. Esto igual puede que tenga algún fallito y es que el camino está muy expuesto hay que resignarse a recibir mucha lluvia y mucho viento del mar. Pero mejor te lo cuento todo desde el principio.

Alba de tormenta y risas

Nos despertamos con una ilusión magnífica; teníamos que correr, Heather, Laika y yo, y por ese orden a la habitación de la linterna donde mamá estaba haciendo el último turno de vigía. Una mañana magnífica de invierno con el cielo llena de nubes brujas. Nubes brujas es como Fantasma Papá y Fantasma Abuela llamaba a las nubes grises que parecen bullir y volar y revolotear como si fueran monstruosas golondrinas de niebla gigante. Pues de esas había a miles, y el mar se estaba llenando de perlas de espuma. ¡Hubiera sido muy divertido pasar sobre ellas en mi kayak! Aunque mortal. Y luego, justo en el lado donde nacía el sol, las nubes se apartaban y los rayos de luz dorada se abrían camino entre la fresca llovizna. Las gaviotas volaban sobre la hierba, listas a caer al mar, y con ellas los snipes, los pica-ostras, los skuas y otras muchas aves que no sé cómo se llaman en español. ¡Y era magnífico!

—¿Queréis chocolate?

Mamá tenía preparado un té de heather —(recuerda que heather es una planta que en español se dice brizo o brezo o algo así, y Heather es mi todo amiga, también hermana de alma y a veces novia del corazón) así que nos reímos un poco porque el chocolate hacía tiempo que se había acabado. Dijimos que sí y nos tomamos el café.

—¿No te da frío estar descalzo?

—No, —lo que quería decir que sí pero me daba igual, estoy acostumbrado.

Y entonces, ¡bum! un chubasco sacudió un puñetazo de agua en todos los cristales del faro. Nos reímos más, y nos tomamos nuestro chocolate, que era té de brezo, por supuesto (o de brizo, ya te expliqué que no estoy seguro de la palabra) y nos quedamos mirando al mar, como poetas buscando bellezas. Fue muy bonito.

Día de trabajo

Bueno hoy nuestro trabajo no fue tan aburrido como en los días de Mahwrpool cuando nos tocó lo de la cerca. Pero a todos los niños nos mandaron a primera hora a cuidar a los animales y, después a pescar.

Echo de menos a mi hermano. ¿Cómo estará? Era bonito pescar juntos.

Pillamos cangrejos y una langosta, que es de lo más fácil. Según Sargento Papá a los turistas del mundo de ayer, antes de las muertes, les gustaban mucho, y sí están buenos, aunque no lo veo para tanto. Prefiero la avena, llena más y no te mojas tanto en invierno, etcétera, metiendo y sacando las nasas.

Tarde

Y ya se acaba el día poco después de comer, que tocó avena con miel y un poco del cangrejo con papas. Comimos juntos los de todas las casas. Supongo que se puede decir que ya somos un pueblo. La comunidad de la isla Ristol, suena bonito.

Al volver llovió mucho pero no importa, vestíamos todos de lana, (sí, hasta lo de dentro, regalo del Señor Fower) y el sol salía a ratos pintándonos de oro. ¡Somos tan felices!

¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo ponerme triste ni un segundo? No lo sé. Bueno, hasta mañana, Laika y Heather me llaman a la cena.

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