Más reflexiones sobre mi exploración poética

No me gustan los haikús que escribió Benedetti en su rincón. No los reconozco como tales y ni siquiera estoy seguro de que me resultaran hermosos de haberse escrito bajo otro nombre. Bueno, sí, en realidad algunos sí, no exageremos solo para que me encaje en lo que vengo a decir a continuación:

Me gusta menos que se le llame mamarracho, como, por lo visto, se le llamó. Me enfada incluso, para ser honesto, me aleja del haikú si tengo que decir la verdad. Me asquean los radicalismos, que radicalismo es el que se quiera más a un arte o cualquier otra cosa que a una persona. Sé que es noticia vieja, aunque nueva para mí, pero no puedo evitar enfadarme como un niño tonto. Aunque reconozca que no es propio de un sabio enfadarse por las opiniones de otros, pues es como protestar por la lluvia.

Al tiempo debemos que reconocer que el uso que hacemos del haikú en la cultura occidental adolece, en muchas ocasiones, de parasitismo cultural. La causa del mal es que pretendemos ser maestros antes que aprendices y acabamos pensando que con una explicación superficial lo entendemos todo.

Esta es razón suficiente para buscar un propio camino. No deseo ser japonés y la tarea de aprehender suficientemente otra cultura como para usarla es un camino largo y arduo. Lo sé por experiencia, hasta cierto punto vuelvo ya de ese camino. Pero tampoco quiero ser el que se encierra en su propio pueblo pensando que todo lo que se salga de la linde del municipio son las tinieblas exteriores y Mordor todo lo que se extienda más allá del mar. En realidad me encanta disfrutar, paladear un haikú bien hecho.

No estoy seguro, como he dicho antes, que las reglas de la poesía japonesa puedan tomarse sin más y aplicarse a la lengua española. Quizás algunos puedan, y siendo como son más duchos en estas cosas probablemente tengan razón pero yo siento que algo no acaba de encajar. Tampoco soy de quebrantar reglas y quedarme tan feliz solo porque a mí me parezcan inadecuados.

Por eso he tomado por una “via media” que es tomar lo poco que entiendo del haikú y empezar por ahí mi propia exploración. Eso son mis “pienis”, una poesía breve que busca reunir un momento sí, pero quizás también un pensamiento o una imaginación.

Quizás, es la palabra clave en todo esto, porque el que explora no puede engañarse pretendiendo que no va a perderse, a cambiar de opinión a ir al sur y luego al este y luego a seguir un río. Tendré que seguir adelante.

Un comentario sobre “Más reflexiones sobre mi exploración poética

  1. Una aclaración: esto no significa una crítica al haikú ni a los que los practican, solo mis propias razones y sentimientos. Paz y amor hermanos, o como decía el joven monje Valentín, desesperado de las peleas de su monasterio, paz y mantequilla hermanos, paz y mantequilla.

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