Menos enfados

Cuando comencé con Internet me ilusionaba las posibilidades interpersonales que abría. Hace mucho que quedé desilusionado y hoy la miro con sobriedad casi estoica. Digo y repito “casi”, no se me vayan a enfadar los estoicos de la recta doctrina; aunque en puridad un estoico nunca debiera enfadarse.

Sin embargo me sigue sorprendiendo la facilidad con que encuentro enfados por auténticas nimiedad es. No acabo de entender su origen y eso me causa cierta inquietud porque ya no sé qué esperar. Sexo, política, religión, fútbol, el camino de Santiago, la poesía o el campeonato de canicas del barrio; cualquier cosa puede originar un pseudo-debate de alaridos. Es como si un monstruo de ojos enfadados se comiera todas nuestras ideas o intentos de bondad. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, miro alrededor no sea que Enfario, el monstruo de las discusiones, esté a punto de presentarte por aquí.


Por otro lado eso da la libertad de saber qué de poco sirve reprimirse. Sí, es bueno respetar a las personas sencillamente porque debemos tratarlas con amor o, al menos, con cortesía. Pero voy a que tampoco debemos dejar de mostrarnos por temor a las opiniones de los demás. No podemos agradar a todos, a veces ni a nosotros mismos, que también cambiabos de emociones, perspectiva y opiniones.

Dicho eso prefiero no dejarme arrastrar por los enfados, que a nada nuevo llevan, solo a los viejos caminos de la soberbia y la violencia, aunque muchas veces de formas extrañas y ridículas. Me refiero, por ejemplo, me sorprendo discutiendo de política como si estuviera en el gabinete de crisis de un gobierno cuando en realidad mi influencia política es irrisoriamente pequeña. No se trata tampoco del no hacer nada pero sí de poner las cosas en su justo término. Tampoco tiene sentido actuar en una discusión de fe como si yo fuera el papa, cuando ni siquiera sacristán, o debatir como si tuviera tanta autoridad en algo que debieran aceptar lo que digo porque a mi y a los míos nos parezca evidente.

Aventuro una posibilidad. Quizás sea porque el mundo favorezca a los que hablan sin pensar sobre los que escuchan. Si eso es así acaso debiera callar ahora.

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