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El horror de la sección de comentarios

Este artículo nace de la indignación, no con los políticos sino con los que se hacen llamar la gente, con los que, sean muchos o pocos, se erigen con la potestad de maldecir a todos y a todo; también a una niña. Basta para ello que disientas de su opinión, que en tal estima la tienen que parece que la han convertido en el ídolo de su tribu personal. ¿Cómo se atreven? Con el antifaz del anonimato, por supuesto.

La Biblia, con lo que vengo a decir Dios, manda “bendecir a los que os maldicen” (Lucas 6:28) . Tengo muy claro que esta “la gente” no tiene a Dios sino como excusa, pero yo bebo de las promesas de Cristo, por antiguo que suene. Eso me interpela a trabajar por el bien de todos, hasta de los que hacen el mal, lo que no es excusa para condenar el mal allí donde se presente. La diferencia de condenar el pecado pero no al pecador sé que suena rancia por cristiano, que no está de moda serlo, pero podría fácilmente hacerse laica si alguien así lo quisiera. El principio es bien sencillo: hacer siempre el bien, lo que incluye, lo que exige respetar a las personas aunque tengan actuaciones no respetables, pero nunca dejar pasar al mal sin condena porque esa es una forma de condenar a las víctimas.

Es por Greta Thunberg

Todo esto viene por la indignación que siento ante el horror de la sección de comentarios de los periódicos; tormento al que no entiendo por qué me someto voluntariamente. Horror que estalla en particular al ver en un artículo de El Mundo cómo se despacha la gente ante una niña que, además de cometer el horrible pecado de mantener una opinión distinta, acopia una serie de caracteres que, a su destemplado juicio, resulta ser un compendio de los peores vicios: ser joven, Asperger y tener más dinero que ellos mismos. A esto añaden su seguridad, fundamentada en nada, de que está siendo manipulada, que es tonta, o loca, o quizás malvada. O más bien todo a la vez. La prueba es muy sencilla: Greta es contraria a su opinión y por tanto tiene que ser herética.

Me recuerda a los profetas, a los de verdad, a los que decían a reyes, sacerdotes y al pueblo, lo que no querían oír y que precisamente por ello acababan muertos. Cuidado con la gente normal, no somos inmunes a actuar mal, ni por separado ni en grupo.

Pues bien esto que la gente ha hecho con Greta está mal, pero a esa gente no le diré ni que está loca, ni tonta ni que es malvada, pero sí que lo que están haciendo está mal, que deben dejar de hacer el mal y, en vez de ello, hacer el bien.

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