Wargamejedrez

Sabed que juego a la guerra con miniaturas, —con soldaditos si lo preferís, y si os interesa esa ya sabréis de lo que voy a hablar. También que amo a rachas el ajedrez; a rachas porque me obsesiono tanto que tras un tiempo lo dejo por salud mental. Mi idea es unir ambos mundos y ver qué pasa.

Si jugáis a un wargame sabéis que típicamente las reglas modernas buscan equilibrar las batallas de ejércitos dispares a través de un sistema de puntos. Esto nunca acaba de funcionar muy bien aunque valga para ir tirando y al final no sabes si ha ganado el que mejor jugaba, el que mejor supo elegir su ejército o el que, según las malas lenguas, el que compró las miniaturas más caras. Por otro lado la traslación en términos de juegos de unidades o equipos militares reales siempre es problemática. Éste opina que los soviéticos en la segunda guerra mundial era un horda sin nombre, el otro que el Sherman era muy malo, que el rifle americano era superior en todo a los viejos rifles de cerrojo, otro más allá que no era para tanto. Añade a esto que todo juego supone un compromiso entre realidad histórica y lo que puede simularse sobre una mesa; por no hablar de la diversión. En un intento de dar solución a todo esto, ahora viene mi primera noble verdad

Un juego de guerra es literatura

O cine, o teatro, o juego de rol. Lo fundamental es recordar que no representa la realidad porque no puede hacerlo. Lo que sí puede hacer es reflejar la idea que tenemos en la cabeza de lo que, por seguir con el ejemplo, pasó en la Segunda Guerra Mundial. Pero esta idea no es individual sino colectiva, cambiante en el tiempo y hasta polémica. Por eso es difícil ponerse de acuerdo en qué diantre es un juego “realista”, porque no estuvimos “allí” y aunque hubiéramos estado seguro que no nos pondríamos de acuerdo. La experiencia de un soldado soviético está marcada no solo por lo que vivió sino con quién lo vivió, la propaganda que escuchó y etcétera. Lo mismo para los demás, y voy a dejarlo aquí para no entrar en filosofías que poco nos aportan a nosotros, los generales de mesa y dados.

Mi propuesta: simplificar

Pongamos por ejemplo qué tu ejército tiene 25 tanques ligeros y el mío 5 tanques medios. ¿Supone alguna diferencia fundamental que tus tanques ligeros sean T-70 o Stuart? ¿O que mis medios sean Shermans o Panzer IV? Sí existen diferencias, de cañón, ametralladoras y un largo etcétera que me harían preferir un Stuart al soviético, pero al final, en combate on en la partida tengo que hacer lo mismo, acechar a los tanques medios para atacarles por el lateral o la trasera, única forma efectiva de combatirlos.

Es evidente que se pierde algún detalle, pero al simplificar se pierden también dolores de cabeza y discusiones. Se evitan reglas especiales que nadie recordará, o que cuando se recuerdan desequilibran la partida. No podemos olvidar de las discusiones para centrarnos en la pura táctica, lo mismo que en el ajedrez.

Una propuesta para la 2GM

Digamos que todos los ejércitos de la segunda guerra mundial tardía puedan confeccionarse con los mismos equipos, a saber:

  • Infantería Ligera: Fusiles y alguna ametralladora ligera
  • Infantería Pesada: Fusiles, con muchas ametralladoras ligera
  • SMG: Unidad armada casi exclusivamente con sub-fusiles (metralletas)
  • Mortero Ligero: de 60 mm o menos
  • Mortero Medio: de 81mm o así
  • Mortero Pesado: de 120mm
  • Infantería Antitanque: con un armada basada en el bazooka o el panzersherk
  • Vehículo de Reconocimiento: como el Sdkf 222 o similar
  • Tanque Ligero: Como el Stuart
  • Tanque Medio: Como el Sherman
  • Tanque Pesado: Como el Tiger
  • Cañón de Asalto: Como el Stug
  • Cañón de Asalto de Artillería como el Stuh
  • Cazacarros ligero: Como el marder
  • Cazacarros medio: Como el M10, el archer…
  • Cazacarros pesado: Como el Elephant
  • Cañón Antitanque: Como el 6 pounder británico, o el 75mm alemán
  • Cañón Antitanque pesado: Como un 88
  • AA ligero: basado en cañones de 20mm
  • AA medio: basado en cañones de 40mm
  • Obús del 75 mm
  • Obús de 105mm
  • Lanzacohetes, como el Katyusha

Y alguna cosa más, aunque eso da variedad más que de sobra. En esencia se jugaría con las mismas reglas, pero todos los jugadores usarían los mismos elementos también para confeccionar sus fuerzas. Bien, esta es la idea, ahora solo necesito cobayas para el experimento. ¿Algún voluntario?

Una nota sobre este blog

Se dice, y debe ser verdad que un blog debe ceñirse a un tema. Pero en mi caso, seguir ese consejo ha supuesto crear miles de blogs diferentes que no van a ninguna parte, que a veces ni recuerdo. Por eso muchos años después de ese consejo y sin sueños de fama ni riquezas, déjame probar escribir de lo que me parezca en un solo sitio. Si no sirve para que el blog se haga popular, al menos que sirva para no volverme loco.

Y sin otro particular, empezaré otro post.

La tierra permanece

Portada Original de 1949

Me ha costado mucho terminar esta novela. No se lo tengáis en cuenta. Hace mucho que me pongo a leer nada que sea larga, o incluso a ver nada que dure más de media hora. El signo de estos tiempos en el que también he caído, supongo, que parece que para ser bueno ha de ser breve.

En fin, no hablemos de mis cuitas personales, “La tierra permanece”, —”Earth Abides” en su versión original — es, se dice, una de las primeras novelas post-apocalípticas, y se dice bien. El argumento parte de una enfermedad que en cuestión de semanas extermina a la práctica totalidad de la humanidad y, a partir de ahí, va examinando la vida de los pocos supervivientes y de la pequeña comunidad que construyen. Sin embargo, diciendo que es una novela post-apocalíptica se dice muy poco.

Es, más que eso, una novela de poca acción, de mucha reflexión, profundamente antropológica y ecológica. Busca la respuesta a qué es el ser humano, cómo se estructuran las sociedades humanes y cuál es su vasta influencia en el medio natural. Todos los sucesos, las aventuras son ilustraciones de esta reflexión; casi es un ensayo en forma de novela y nada refleja mejor este aspecto que el protagonista, Ish, un intelectual que ha de reconvertirse primero en superviviente, después en padre y finalmente en líder político, casi a su pesar, y espiritual, completamente a su pesar, de su pequeña comunidad, hasta desvanecerse en el reino de los antepasados.

Es un Apocalipsis plácido

En gran parte estos son los temas que a mí también me atraen al género post-apocalíptico, aunque este sea un poco más suave del que prefiero habitualmente. No hay casi nunca ningún peligro inmediato para la vida; casi no hay violencia, la gran enfermedad ha exterminado también las pequeñas enfermedades, es un Apocalipsis, pasada la primera crisis, plácido, en el que los supervivientes viven casi sin trabajar, solo de recolectar los excedentes de la civilización moribunda. Nadie, salvo el protagonista, piensa en el futuro y esto pone un punto de pesimismo en esta historia; los seres humanos, la humanidad sobrevive pero perdiendo casi todo lo avanzado, volviendo a un momento casi-primitivo, a una especie de neolítico raro que re-descubre las viejas tecnologías según se van necesitando.

Bueno, no sé qué será el realismo de todo eso, yo por mi parte, lo que tenga que decir lo dejaré para mi propia novela, una que ya está escrita y no sé si me atreveré a que vea la luz.

Veremos.