Ficción Interactiva, Librojuego

El juego epistolar

Juguemos a rol por email. Yo seré el máster, tú el jugador. Suena un poco raro; parece difícil que funcione así, que hay mejores alternativas. Pongámolo de otra manera. Jugemos a un librojuego por email. Yo seré el autor, tú el jugador, y escribiré un libro solo para tí. O, incluso, lo escribiremos juntos. ¿Dudas? Bueno, esto sé que puede funcionar porque lo he hecho antes, y con gran éxito, solo que por el sistema de compartir un cuaderno, hace muchos años, cuando no estoy seguro de que fuera guapo pero sí joven. Como estas cosas son de las que se explican mejor con un ejemplo aquí tienes uno:

Aprendiz de Tercera Clase

—Por favor, señor, ¿dónde encuentro trabajo?

—En la policía no, desde luego. ¿Llevas dinero encima, muchacho?

—Sí señor. Me quedan 6 chelines.

—Entonces te sugiero que busques hospedaje. Es muy tarde. Hay una pub decente, en esta misma estación, El León Cojo. Las camas están arriba, por un chelín la noche y seis peniques la cena.

Llovía amargamente. Imi se marchó encorvado, abrazando su maleta, casi dormido. La luz de las farolas de gas se le antojaban luciernágas gigantes. Ensoñaba que el mundo se desvanecía en la noche, restándolo todo salvo la estación. Una especie de enano de ojos saltones acariciaba un bicho de los que le corrían por las mejillas; algo como escarabajos cuadrados, como sellos negros con patas.

Buenas noches, Sir Imi. Los labios de Imi respondieron pero no le salieron las palabras. Un dragoncillo negro se le posó en el hombro, acurrucándose contra la oreja. Imi ahuecó el cuello de su chaqueta para cobijarlo del frío pero la criatura se marchó, desapareció el enano y sus bichos y las luciérnagas volvieron a ser farolas.

El león cojo

Buena comida, cerveza caliente
Té gratis
Camas limpias, 1 chelín

Imi sintió el arrullo de la chimenea. Los clientes se habían esparcido por los sillones y las mesas, dejando sus equipajes de escabel. Estaba allí lo más florido de la tercera clase: una familia de artistas de circo, un viejo sacristán, la joven institutriz que había perdido su trabajo tras la muerte de su pupilo, un aspirante a vendedor de comercio, docena y media de obreros fabriles, un maestro de las escuelas de penique y el niño de los periódicos.

—Señor, ¿un periódico?

—Imi todavía estaba observando.

—Señor, comprémeme un periódico por favor, que’s el último.

—Imi miró entonces al niño, que apenas le llegaba al pecho.

—¿Cuántos años tienes?

—Nueve, señor. Por favor, solo medio penique, está ‘bajado.

Imi calculó. Un penique es lo que ponía la portada, un cuarto lo que le había costado al niño, nueve era la edad mínima para trabajar en el Reino de Logres. Si compraba el último el niño podía marchar a su casa o a dormir donde fuera y estar listo a las cinco de la mañana para la fila del callejón de los periódicos.

Tus opciones:

  1. Compras el periódico al niño. Recuerda el dinero que te queda. ¡Ah!, 12 peniques son un chelín. (Ya decidirás después dónde duermes).
  2. Le dices que no y te vas a El León Cojo.
  3. Le dices que no y pasas la noche en la sala de espera de la estación. (Aunque tu madre te advirtió que no lo hicieras, es más barato)
  4. ¿Alguna otra cosa?

Vuelta al mundo muggle

Pues sí, en principio es como cualquier otro librojuego salvo por algunos detalles.

  1. El autor se puede concentrar solo en una línea del libro a la vez. (Si el lector decide que Imi no compra el periódico, no hace falta saber qué es lo que pasa).  Esto reduce en mucho el esfuerzo del escritor.
  2. El autor, ya lo dijimos, puede escribir un libro como una carta, dirigida específicamente a una persona concreta.
  3. Ese ¿Alguna otra cosa?   permite, si el autor lo quiere, dar absoluta libertad al jugador, tal como en un juego de rol.
  4. En contrapartida el lector tendrá que esperar al autor, por su ración de aventura. (Consejo: ten un borrador / esquema / algo escrito con antelación)

¿Cómo decide el autor lo que pasa a continuación? Pues como cualquier máster.  Usando el sentido común y algunas reglas. Puede ser tan sencillo como ponderar lo difícil que es la acción que intenta el jugador y tirar un dado. “A ver, saltar de una azotea a otra parece difícil. Tiro un dado si saca un 3 ó menos se cae y… (bueno, no lo voy a matar, que un toldo salvador amortigüe la caída)”  

Pues con esto creo que la idea queda dicha. Tomadla para desarrollar con alguien si os gusta. Si queréis jugar precisamente conmigo estás invitada e incluso invitado. Basta con que pongas un comentario.

 

 

 

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