Publicado en ética, realización personal

El Inicio de la Compasión

La excusa para enfriar el corazón es que la caridad comienza en casa. Pero también dicen: santo en plaza y diablo en plaza para denominar a aquellos que aparentan ser las personas más gentiles pero en casa dejan salir todos sus miedos y demonios.

En realidad, la compasión comienza donde estás. Aquí y ahora, con tus fortalezas y debilidades y, sí, también con tus miedos y demonios, es donde has de iniciar el camino a la cumbre.

El amor es un músculo que se fortalece con el ejercicio y aquellos quienes tienes a tu lado son los que te proveerán de tus primeros ejercicios de amor. Amor es descubrir. Amar es dejar que la otra persona enseñe quién es para que entonces podamos aprender de ella. Amar es dejar la silla del jefe y sentarse en el suelo; amar es hacerse aprendiz de amor.

Ese aprendizaje empieza renovando nuestras fuerzas para amar. Después, saca la basura de nuestra alma, limpia lo sucio, simplifica lo complejo, ilumina lo oscuro, renueva los muebles, cambia los muros, redibuja los planos y, si es necesario, cava nuevos cimientos hasta que, al final del proceso, seamos capaces de amar hasta a quienes nunca creímos digno de amor; ni el nuestro ni el de nadie.

En un párrafo he descrito la tarea de toda una vida. Y si una vida bastara…

Comencemos por poca cosa; por nosotros mismos, progresemos por los que nos han amado primero —en eso consiste el amor— sigamos por los que necesiten estén Yakutia, Madrid o la Patagonia y lleguemos, si es posible a amar hasta dónde duela.

Aguanta las conversaciones intrascendentes de tu madre, juega con tus niños, sé un buen vecino, si te queda tiempo hazte voluntario. Gasta amor sin medida, desde las cosas pequeñas hasta las grandes.

Quizás así alcances la compasión