Publicado en ética, realización personal, sabiduría

La Compasión es la Cumbre

Entre las ideas equivocadas sobre la compasión, la peor es creer que la compasión es fácil. ¿Crees que es un sentimiento blando, fácilmente alcanzable, sin disciplina, ni esfuerzo, ni práctica?

La compasión exigida

Todo es más fácil que ser bueno. Si nos parece fácil es porque nos lo exigen. Desde pequeñitos, en todas partes, todas las personas, comenzando por nuestros padres nos exigían: sé bueno. Teniendo en cuenta el énfasis y la reiteración con la que nos hablaban, desde luego nos exigían ser buenos ahora y siempre; ser buenos continuamente, ser tan buenos como fuera posible, continuamente.

Para cualquier otra cosa había más paciencia que para el aprendizaje de ser buenos. En la lengua se nos permitían millones de errores; incluso los primeros balbuceos se recompensaban con sonrisas. Al aprender a andar nadie se ponía a contar las veces que nos caíamos, y nuestros primeros pasos, cortos y torpes se celebraban como el mayor de los éxitos. ¿Digo algo de nuestros primeros dibujos, de las primeras letras o de la primera serenata para tambor y pito?

Sin embargo, los padres exigen la compasión, la demandan ya y esperan que los niños tengan un conocimiento exacto de la moral, la ética y la sabiduría. Bueno, por lo menos hasta que se topan con la tozuda realidad de la experiencia. Entonces se conforman con que no haya sangre.

La difícil compasión

Lo cierto es que la compasión es difícil. Brota del sentimiento natural de no querer que nadie sufra, eso es cierto, pero eso no implica que la compasión sea fácil. También es natural querer comunicarse con los demás, y eso no implica que aprender a hablar, y mucho menos a comunicarse con maestría sea fácil. También es natural querer andar, correr, nadar o trepar, y todas estas cosas exigen un aprendizaje. Pero es que la compasión va más allá que todo esto; si tuviera que elegir una habilidad análoga para la compasión entre las habilidades de movimiento, elegiría las artes marciales.

Cualquiera puede dar un puñetazo, saltar o pegar otra patada. Puede incluso gritar ¡ki-a! y lanzarse como un torbellino contra el adversario. Pero eso no es un arte marcial, es el juego desordenado de los niños a ser ninjas. De hecho uno puede acudir a un dojo durante meses y no tener la sensación de estar haciendo artes marciales. Lo normal es que uno se reconozca torpe, o que piense que esté haciendo ejercicios sin sentido, o esperando que, con el tiempo, todo esto sirva para algo. Pero ese algo aún no ha llegado.

Lo mismo pasa con la compasión. Cualquiera puede compartir una sonrisa, un plato de comida o escuchar. Todos estos son, sin duda, actos de bondad. Pero, si estás atento, podrás darte cuenta de que todos esos actos, en sí mismos, no son compasión, sino que, muchas veces, todavía te falta para llegar a la compasión. En otras palabras, los actos de bondad, son pasitos, y la mayoría torpes, que das en el camino hacia la compasión. Pero la compasión está más allá: la compasión es la cumbre.

Pues bien, quiero que tú y yo exploremos qué es eso de la compasión. Hoy, con este post, he iniciado este camino. Es un monte muy alto, pero no me da miedo.

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