Publicado en productividad

¿Pagarás el precio de la eficiencia?

Para mejorar continuamente, para no conformarse con nada que no sea eficiente se debe desarrollar una sana alergia a las interrupciones, al doble trabajo, a encontrarse corrigiendo una y otra vez,a la irritación.

La irritación es lo que sientes cuando el ordenador se cuelga o te interrumpe una llamada o tienes que navegar con el ratón por menús y sub-menús. ¿Hace falta que explique algo más? ¿Qué tal, lo que sentías cuando tenías que borrar las sumas cuando eras pequeño?

Pero la irritación no basta, porque esa picazón sabemos cómo rascarla. Hace falta además amor a la eficiencia.

Según voy aprendiendo Vim me hago más consciente de mis propias ineficiencias a la hora de editar texto. Y eso que escribo un montón, aprendí a escribir a máquina a los trece años, manejo los procesadores de texto con la soltura suficiente para haber sacado unas oposiciones. En fin, que me creía muy eficiente hasta que me topé con Vim.

Vim para eso es el peor de los sargentos, sobre todo si trabajas en él desde la línea de comandos. O lo haces bien o no te deja pasar.

Y es un sargento al que odias. Si alguien me hace caso en mi recomendación de usar Vim, seguro que se acuerda de mí y de este sargento perro de hierro. Vim te obliga a buscar el camino óptimo, a aprender, sí, pero no le basta con eso al maldito. Encima quiere que cambies tus hábitos de trabajo, de toda la vida, con lo que cuesta. Pero luego, cuando aprendes, ¡qué diferencia!, todo va sobre ruedas. Todos los esfuerzos, no los olvidas, pero los das por buenos.

¡Sois una panda de vagos!
~Sargento Vim

Sí, el Sargento Vim tiene razón. Ponderamos exageradamente el coste del esfuerzo y tendemos a despreciar la eficiencia.

Despreciamos la eficiencia, sí, lo digo en serio. Oh, claro, ¿cómo no? A todos nos gusta que los demás sean eficientes, incluso nosotros mismos si nos sale gratis. En nuestra ineficiencia nos cuesta horrores visualizar los beneficios de ser eficientes en el futuro; el muro de miedos y perezas que hemos construido a nuestro alrededor no nos dejar ver muy lejos.

Por eso preferimos la irritación, las molestias, los retrasos, y los demás costes de seguir haciendo las cosas como hasta ahora. Mal, pero mira, hacerse se hace y bueno ya sé como es y no me da miedo y todo eso. Por eso tenemos que reaccionar, tenemos que tomar la ruta del aprendizaje, del esfuerzo y del cambio de hábitos. Tenemos que dejar de hacer caso a nuestras retorcidas excusas. Tenemos que ser capaces de cambiar de rumbo, de tomar el camino que empieza difícil, pero acaba bien.

Venga, 100 flexiones

2 comentarios sobre “¿Pagarás el precio de la eficiencia?

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