Discurso de Doblefilada, la espada mágica y parlanchina a los héroes

Espada mágica

Saludos, héroe de leyenda. No, no es a ti, o bueno, sí, a ti también, pero traéme a ese tipo que llamas máster, que esto es para él. Con cariño, bueno, un poco, entre otras cosas.

¿Lo tienes? Vale.

La noble dignidad de los objetos mágicos

¡Hartas! ¡Estamos hasta las empuñaduras! Sí, yo y todo el gremio de armas mágicas, objetos arcanos y pociones. ¿Y sabes de qué? ¿De qué? ¿De qué!

Pues de que no nos tratáis como requiere nuestra clase y dignidad. A ver, principalmente, nosotras nunca debemos mezclarnos con el vulgo, los objetos normales, la chusma de aprendices de herreros y fabricantes varios. (Bueno, un poquito de oro alrededor de decoración, va bien, pero solo para resaltar nuestra prestancia).

A nosotras nos hizo un maestro. Los niños sueñan con nosotros. Hay leyendas cantadas en nuestro nombre. No somos vulgares peniques que te encuentras olvidadas por la calle.

¡No salimos en tablas aleatorias de tesoros!

Y por los Siete Herreros Mayores Enanos: ¡No salimos en tablas aleatorias de tesoros!. Me da igual quién tuvo la idea. Que le zurzan y le pasen vinagre con pimienta y algo que pique mucho también. Nosotras solo debemos salir por dos circunstancias: a) como premio al héroe que ha completado una hazaña heroica –lo que no incluye abrir un cofre que se encontró en un pasillo– y b) como bendición antes de emprender una hazaña heroica. Sí, exacto, somos la puerta de entrada y el arco de triunfo de la aventura, no decoración del tres al cuarto.

Los objetos mágicos como tesoro y bendición

Si somos un premio debe quedar claro. El aventurero debe saber que, al recibirnos, queda consagrado como héroe. Somos dignas de que un rey nos entregue en su palacio, de ser liberadas de las manos sangrientas de un malvado hechicero o de aparecer destacadas en la cámara de un tesoro rodeadas de piedras preciosas –para mí rubíes, si puede ser.

Si somos una bendición, nuestra entrega debería ser una ceremonia, no un “pos mira ahí tengo una +1” ¿Una +1? “¿Una +1?” ¿Qué estás haciendo? ¿Jugando al golf? Todo objeto mágico merece un respeto; un respeto que se reconoce a través de las formas. No, entrega esa +1 envuelta en terciopelo, dentro de una urna de cedro, con relieves grabados. Que el aventurero sepa que se le otorga esa arma para que se haga un héroe.

Pues es que somos así de importantes.

La maldición de los malditos

La peor maldición es convertir la magia en tecnología

En cuanto a los objeto malditos, por favor, olvídate del pegamento. El anillo único no tenía pegamento, el héroe se lo podía quitar en cualquier momento, pero tal era su poder que lo tentaba. Haz que tus objetos malditos sean igual, no un -1 a algo sino un +4 a fuerza pero cada vez que te lo pones corres el riesgo de… convertir en un asesino sangriento, por ejemplo.

Pero no te olvides que la peor maldición de todas es convertir a los objetos mágicos en tecnología, en chismes que simplemente son mejores que los vulgares. Y sí, somos mejores, pero eso no es lo fundamental, lo esencial es que somos más elevadas, divinas, mágicas, completamente separadas del mundo ordinario y de sus cosas.