Publicado en simplicidad

Historia de una alegría

//Google me acaba de mandar un mensaje recordándome que Google Buzz está a punto de cerrar para que rescatara mis publicaciones de Buzz antiguas. Esta es una de ellas.

Hace años compré una biblia chula. No la necesitaba. Se trataba de una King James Version, edición Nelson con referencias y concordancia, en edición de cuero negro, bordes dorados, ¿sigo? Se la compré a Mark Roth, especializado en libros anabaptistas y amish, en lo que por entonces tenía gran interés. Pero no compré esta biblia por ningún interés religioso. En realidad me sentía menos que muchos cristianos conservadores de habla inglesa que tenían una. Es más, hasta de querer acceder a ella, ya podía sin problemas, hay de sobras páginas web y aplicaciones informáticas con las que cualquiera puede aparentar ser un experto en biblia.

No, lo que ocurría es que me sentía “menos” si no tenía una Biblia KJV física, en papel. Y por eso me la compré.

Muchas veces le he echado la culpa a la publicidad, pero lo cierto es que ya en mí estaba implantada la idea de que comprar algo me haría ser parte de un grupo. Hasta una biblia, puede servir a la vanidad humana.

## Un bulto en la estantería

Con el tiempo esa biblia dejó de ser un libro para convertirse en un bulto en la estantería. Casi siempre, cuando tengo una consulta biblíca uso un servicio web o una aplicación como e-sword. De las otras nueve biblias, en diferentes versiones e idiomas que tenía entonces, casi siempre usaba mi Dios Habla Hoy, más que nada por su formato compacto. El resto eran santos bultos en mi estantería.

## Una alegría

Desde hace tiempo, por mi minimalismo lento me he ído desprendiendo de muchos libros. De suerte que ahora mismo sólo tengo una biblia, que es más de lo que necesito. El domingo me desprendí de tres. En nuestra iglesia hay un espacio para libros usados. Simplemente los dejas allí y quien desee llevarse uno paga un euro, que va a los gastos parroquiales.

Normalmente uno no se entera de quien se lleva los libros. Pero en este caso mi biblia se vendió nada más terminar el servicio dominical. El que la compró no sabe quien se la dejó y me imagino que no se enterará, pero yo pude ver su rostro y la forma que le apreciaba y en fin, hay cosas que no se pueden explicar.

Vale, no he cambiado el mundo, tan sólo he cambiado un bulto en mi estantería por una alegría en mi corazón.

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