Publicado en productividad

Mirando canas, cinco minutos

Me gustaría saber si hay algo que merezca la pena escribirse en cinco minutos exactos. Y es por eso que me he lanzado a escribir este post, al que voy a dedicar esos cinco minutos; de los cuales ya he consumido uno.

Pues bien, me acuerdo de una reflexión que me dieron el espejo y las canas. Y es que en cuanto te empiezan a salir canas no puedes evitar fijarte en ella como si uno pudiera hacerles cambiar de color con solo mirarlas. Lo lamentable es que no ocurre así, las muy malvadas se quedan tan blancas como antes. Y eso que las miro con todos los sentimientos posibles: desde cariño hasta la ruindad más artera.

Y se me ocurre pensar que muchas veces tenemos el mismo problema con cualquier otro defecto. En cuanto lo notamos nos ponemos a observarlo con intesidad, a veces obsesivamente, pero a pesar de ello no cambia. Esto es especialmente trágico cuando, como con las canas, no tenemos manera de evitar el defecto, salvo quizás ocultándolo. En ese caso, ¿no sería mejor concentrarnos en nuestras capacidades y mejorar lo que sí podemos mejorar?

Fin de los cinco minutos.

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