Publicado en estudiantes

Concéntrate en aprobar el examen

Sólo hay una forma de aprobar: ir a por el examen. Por eso todo lo que haga un estudiante debe servir para aprobar. Todo lo demás, molesta. Lo que quiero decir es que debes evitar cosas como estas:

  1. Pasar a limpio apuntes que se entienden — y no te van a calificar, claro.

  2. Pasarse horas elaborando el esquema “perfecto” — no eres una editorial.

  3. Estudiar “lo que te gusta” — dejando de estudiar lo que te preguntan.

  4. Abandonar lo difícil — claro, porque seguro que el profesor es bueno y sólo va a preguntar lo fácil.

  5. Usar colores porque “queda más bonito” — en vez de usarlos para destacar los puntos principales.

  6. No repasar porque “ya me lo sabía antes”.

  7. Ignorar lo que suelen preguntar.

Publicado en productividad

Dos veces

Ayer fue la primera vez que hice dos sesiones de ejercicio físico en un mismo día, por primera vez en muchísimo tiempo. Sé que parece poca cosa, y poca cosa es mis pequeñas victorias. Pero mirad, cuando Aquiles ganaba su gloria en Troya, a los egipcios les daba igual. En la inmensidad todo es poca cosa, un punto de inflexión es solo un punto, pero para mí, hoy, es un día de victoria porque he vencido sobre mis propios defectos.

Es todo.

Publicado en productividad

Pero lo intento, lo intento y siempre fracaso

Estoy enfermo, nada grave, unos virus imprudentes que están siendo devorados por mi sistema inmunitario. Pero, bueno, cuando uno está enfermo le da por pensar cosas raras. En moscas y en hormigas, ambas campeonas de la testarudez y la perseverancia. Vamos a hacerle una entrevista a cada una, para conocer sus secretos.

Entrevista a la señora Mauricia Mosca

Señora Mosca, ¿qué opina de las ventanas?

¿Ventanas? Las ventanas no existen, lo que pasa es que el aire a veces se hace duro.

¿Duro?

Sí, un fenómeno curioso, pero no hay que desesperar. Lo que hay que hacer es volar con todas nuestras fuerzas, todas las veces que hagan falta, esto es muy importante recordarlo, todas las veces que hagan falta, y así, con el tiempo el aire se hace normal de nuevo.

¿No cree que, en realidad, lo que pasa es que alguien abre la ventana?

Por supuesto que no. ¿Acaso no me ha oído? Las cosas sólidas no son transparentes. Así ha sido siempre y así siempre será. Pero aunque usted tuviera razón y el aire no dejara de ser duro por mis esfuerzos, sino porque alguien abriera esa mítica ventana, yo no podría pasar si no volviera a intentarlo, ¿no le parece?

Entrevista a Hermenegilda Hormiga

Señora Hormiga, ¿qué opina de las ventanas?

Nada, ¿qué tendría que opinar?

¿No son un obstáculo?

Bueno, sí, ¿y qué?, ¿qué es un obstáculo para una hormiga? Lo primero es ver si se puede pasar sin esfuerzo. Si es así, se hace y ya está. Si no, se explora, buscando una abertura. Si no hay, se busca en el marco. Si no hay en el marco, tratas de pasar donde el marco se une con la pared. ¿Qué no hay? Pues buscas otra ventana.… o pasas por debajo de la puerta. Lo que importan son las migas de bizcocho que vas a comer, no el obstáculo. Al final, si la buscas siempre habrá una solución.

Publicado en simplicidad

Historia de una alegría

//Google me acaba de mandar un mensaje recordándome que Google Buzz está a punto de cerrar para que rescatara mis publicaciones de Buzz antiguas. Esta es una de ellas.

Hace años compré una biblia chula. No la necesitaba. Se trataba de una King James Version, edición Nelson con referencias y concordancia, en edición de cuero negro, bordes dorados, ¿sigo? Se la compré a Mark Roth, especializado en libros anabaptistas y amish, en lo que por entonces tenía gran interés. Pero no compré esta biblia por ningún interés religioso. En realidad me sentía menos que muchos cristianos conservadores de habla inglesa que tenían una. Es más, hasta de querer acceder a ella, ya podía sin problemas, hay de sobras páginas web y aplicaciones informáticas con las que cualquiera puede aparentar ser un experto en biblia.

No, lo que ocurría es que me sentía “menos” si no tenía una Biblia KJV física, en papel. Y por eso me la compré.

Muchas veces le he echado la culpa a la publicidad, pero lo cierto es que ya en mí estaba implantada la idea de que comprar algo me haría ser parte de un grupo. Hasta una biblia, puede servir a la vanidad humana.

## Un bulto en la estantería

Con el tiempo esa biblia dejó de ser un libro para convertirse en un bulto en la estantería. Casi siempre, cuando tengo una consulta biblíca uso un servicio web o una aplicación como e-sword. De las otras nueve biblias, en diferentes versiones e idiomas que tenía entonces, casi siempre usaba mi Dios Habla Hoy, más que nada por su formato compacto. El resto eran santos bultos en mi estantería.

## Una alegría

Desde hace tiempo, por mi minimalismo lento me he ído desprendiendo de muchos libros. De suerte que ahora mismo sólo tengo una biblia, que es más de lo que necesito. El domingo me desprendí de tres. En nuestra iglesia hay un espacio para libros usados. Simplemente los dejas allí y quien desee llevarse uno paga un euro, que va a los gastos parroquiales.

Normalmente uno no se entera de quien se lleva los libros. Pero en este caso mi biblia se vendió nada más terminar el servicio dominical. El que la compró no sabe quien se la dejó y me imagino que no se enterará, pero yo pude ver su rostro y la forma que le apreciaba y en fin, hay cosas que no se pueden explicar.

Vale, no he cambiado el mundo, tan sólo he cambiado un bulto en mi estantería por una alegría en mi corazón.

Publicado en productividad

Mirando canas, cinco minutos

Me gustaría saber si hay algo que merezca la pena escribirse en cinco minutos exactos. Y es por eso que me he lanzado a escribir este post, al que voy a dedicar esos cinco minutos; de los cuales ya he consumido uno.

Pues bien, me acuerdo de una reflexión que me dieron el espejo y las canas. Y es que en cuanto te empiezan a salir canas no puedes evitar fijarte en ella como si uno pudiera hacerles cambiar de color con solo mirarlas. Lo lamentable es que no ocurre así, las muy malvadas se quedan tan blancas como antes. Y eso que las miro con todos los sentimientos posibles: desde cariño hasta la ruindad más artera.

Y se me ocurre pensar que muchas veces tenemos el mismo problema con cualquier otro defecto. En cuanto lo notamos nos ponemos a observarlo con intesidad, a veces obsesivamente, pero a pesar de ello no cambia. Esto es especialmente trágico cuando, como con las canas, no tenemos manera de evitar el defecto, salvo quizás ocultándolo. En ese caso, ¿no sería mejor concentrarnos en nuestras capacidades y mejorar lo que sí podemos mejorar?

Fin de los cinco minutos.