El Blog de Miguel de Luis Espinosa

Transmite valores con los héroes

CC Martin Gommel

Se ha perdido la costumbre de leer vidas de santos, a nivel social quiero decir. Yo todavía me crié leyendo un par de ellas; sobre todo la del fundador de la orden que llevaba mi colegio: San Antonio María Claret. Recuerdo muy bien que nos dieron o vendieron un librito que resumía la vida del santo con ilustraciones en blanco y negro. Además hicieron un concurso para el que supiera mejor las respuestas. Recuerdo que tomé la resolución de estudiar lo mínimo, pues no valía para nota y ya entonces evitaba los exámenes.

Sin embargo lo que pasó luego es que bueno, era un libro, tenía letras y reglones y claro, había que leerlo. Vamos si me leí hasta La Divina Comedia de Dante que daba un miedo de arrancarse los pelos (y eso la parte que podía entender). En cuanto a la vida del santo me resultó mucho más sencilla y daba mucho menos miedo, me atraía con cierta fascinación la bondad, pero también la determinación y la fortaleza de carácter del personaje. De alguna manera me marcaron un camino. Algo parecido encontré en una biografía de Abraham Lincoln, salvando las distancias.

No he leído muchas más biografías después de la adolescencia, hasta que le dí una oportunidad a la de Steve Jobs. Este héroe a claro-oscuros me inspira y me desencanta a partes iguales. Pero supongo que está bien así, es una biografía adulta para lectores adultos y debemos ser capaces de aprender de lo bueno y lo malo.

No os voy a hacer una crítica del libro (es bueno).Lo que quiero es contarte lo que me pasó cuando lo leía.

Recordé la fuerza que había tenido la biografía en mi de niño. Estoy convencido de que esa biografía tiene parte de la culpa de que la fe sea una parte fundamental de mi vida. Y por eso, me gustaría animaros que acerquéis a vuestros hijos a una biografía. Buscad a alguien con quien congeniéis en valores. Recuerda que los jóvenes buscan un camino que poder seguir, alguien que poder admirar, una referencia más allá de los héroes de plástico.

Y si no se los dáis vosotros, ya se los dará el marketing.


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Eres presente

Recuerdo la impresión de la primera vez que escuché: “Sois el futuro”. Estaba en el salón de actos del colegio escuchando a un adulto hablar de algo. No me acuerdo de nada más porque la frase me dejó pensativo. -Vamos a ver… si yo soy el futuro, ¿los adultos son el presente? y mi abuela, ¿qué es, el pasado? La cosa no tenía ni pies ni cabeza porque yo existía y mi abuela también. Bueno, mi abuela no estaba allí en el colegio, pero vivir vivía y hacía cosas muy importantes.

Por ejemplo me daba clases mejor que mis maestros. Es normal, tenía más experiencia que todos ellos juntos y en escuelas de las que había que ir en bestia (o sea, en burro). Pero a lo que voy, lo que hacía mi abuela era al menos tan importante como lo que hacían mis maestros. ¿Por qué ella ya era pasado? Sólo podía pensar que era una tontería mayúscula.

Claro que me quedé pensando que a lo mejor tenía razón en que yo era futuro. ¿Yo que hacía? Los deberes, estudiar y, algún domingo, cargar con el taquímetro de mi padre y clavar unos palos muy largos marcados como una regla en el suelo mientras me gritaba “¡más recto!” Y otras cosas así.

## La medida de todas las cosas

> Todo necio confunde valor y precio ~ Antonio Machado

¿Cómo se sabe si algo es importante? ¿Por lo qué te pagan? Bueno, si así fuera, decir tonterías en la televisión sería más importante que investigar la física de los leptones. ¿Por qué le guste a mucha gente? Bueno pues entonces habrá que decir que lo que le guste a los chinos. ¿Por qué sea muy grande? Vale y entonces una pirámide es mejor que un avión.

A lo mejor algo es importante si lo hace alguien importante. O sea que es importante quien hace cosas importantes y las cosas importantes la hace la gente importante. Bienvenidos a un círculo sin fin.

La única forma de salir es buscar un valor absoluto. Y no se me ocurre valor más alto que una persona. Frágiles, tontos, listos, capaces de hacer lo peor, y también de las más grandes cosas.

Las cosas valen lo que tú pongas en ellas
¿Y qué mejor poner que tú mismo? ¿Qué mejor que poner que a otras personas? Hacer algo bueno es poner lo mejor de tí, y a las otras personas que hayas encontrado en tu camino. Quizás sorprenda que hable poner a otras personas en las cosas que haces, pero nadie se extraña de la expresión “poner lo mejor de tí”, pero no nos hemos parado a pensar que significa poner lo mejor de nosotros.

Debe referirse, sin duda, no tanto al resultado, sino a la forma en que trabajamos. Ponemos en ellas nuestra mejor dedicación y esfuerzo, las habilidades que hemos aprendido y los valores que hemos asimilado si trabajamos de esta manera. Y otra cosa más, cuando ponemos lo mejor de nosotros, estamos también poniendo nuestra felicidad. Dejadme que lo resuma: quien pone lo mejor de sí en un trabajo es feliz. Por tanto, si no sois felices con vuestro trabajo o estudio no estáis poniendo lo mejor de vosotros mismos y debéis actuar en consecuencia.

## Eres presente, quizás llegues a ser futuro

Repito eres presente y has de darte en lo que ahora estás haciendo. Si no puedes ver que lo que ahora haces es importante, piensa que es la primera piedra del povernir. Imhotep, el arquitecto de la primera pirámide, empezó a construirla de niño, cuando aprendió lo necesario y, si me apuras, empezó a construirla antes de nacer, pues su diseño se basa en las de las más antiguas mastabas. Su devoción por aprender fue lo que le llevó a fundar la arquitectura y la disciplina médica. Hoy, más de cuatro mil años después, recordamos su nombre.


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Manten las resoluciones

CC James Jordan

Uno de los trucos para mantener las resoluciones de año nuevo es mantenerlas. Me explico. Empieza uno tan feliz a cumplir la resolución y te encuentras conque, en realidad, pues mira no era tan difícil.

Un ejemplo: correr. Quedaste contigo mismo en correr todos los días 1 kilómetro. Y sales los primeros días tan feliz y mira, oye, es que como que puedes dos. Y vas a por los dos kilómetros, y los corres, y los terminas y te sientes como el señor de las carreras. Estás casi como esperando a que venga un señor a llamar a tu puerta para otorgarte la medalla al mérito deportivo.

Pero luego pasa una cosa: la fatiga. No hablo del cansancio propio de correr y de las agujetas, sino que resulta que justo después de correr te llaman para que hagas la compra “porque se me ha pinchado una rueda” o “he tenido que ir a recoger a Don Clientón Incordiez”. Esto pasa una vez, dos, tres y sientes como si tu resolución te estuviera comiendo la vida.

A mí me ha pasado muchas veces y al final, la mejor medicina que he encontrado es bajarme del burro a tiempo. Vuelvo a mi resolución, tal cual era y si la modifico no es en medio de la carrera. En vez de eso, me relajo y aplazo la decisión para una revisión semanal o el siguiente año nuevo, si hace falta. La idea es:

tomar la decisión de modificar la resolución con la misma reflexión que la resolución inicial

Cuando hago eso no paso del uno al doble, sino voy modificando cosas. Por ejemplo un día al semana sesión doble y el resto normal. Y ya está. Y voy probando poco a poco, explorando mis posibilidades. No reculo de mi posición inicial, esa la defiendo con garras, pero más adelante voy jugando hasta encontrar el elquilibiro entre sentirme cómodo e ir mejorando.

Bueno al menos eso me va bien a mí.


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Resoluciones en grupo

CC Dave Atkinson

No hago resoluciones de año nuevo, pero sí he tenido, tengo y tendré que lidiar con cambios de hábitos en mi vida. Éstos, cuando se hacen con otra gente, en un ambiente estructurado son muy fáciles de llevar a cabo. ¿Quieres asegurarte de ir a misa, rezar tres veces al día, leer mucho ser sencillo en tus gastos y dormir tus ocho horas? Métete a monje, o a seminarista. Pero como sabe todo cura, o todo el que haya estado en un seminario, la cosa se complica cuando uno esta sólo frente a sus resoluciones.

Lo mismo puede decirse del deporte. Si estás en un equipo es relativamente fácil entrenar todos los días; con un buen entrenador es hasta sencillo hacerlo con intensidad: basta correr más que sus gritos.

Bromas aparte, es más complicado desarrollar nuevos hábitos en soledad. Por eso, si te puedes buscar un grupo de apoyo, mejor que mejor. Eso sí busca personas con las que te complementes bien por personalidad, pero sobre todo por horarios y circunstancias. Si todos son deportistas de élite no vas a poder seguirles y seguramente tampoco querrás hacer lo que ellos quieren.

Lo más importantes es que todos tengáis resoluciones compatibles y que nadie intente «mejorar» la resolución de otro. Demuéstrate primero que puedes cumplir con tu promesa. Acelera despacio, o perderás fuelle.

Recuerda que dos personas son un grupo; y que más vale una compañera que te entienda que la campeona del barrio si no puedes ver ni su pies cuando corres.


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El miedo a crear

CC Indiefox

En inglés lo llaman writer’s block, en español el horror ante el folio en blanco. Una sabia camarada del club de lectura lo llamó por su nombre: miedo. Me dejó claro que escribir, que crear requiere valor. En ese momento dudé de sus palabras porque me resultaban demasiado diáfanas para ser verdad. Sin embargo, luego, en mi casa, me vino a la mente la verdad de sus palabras. ¿Así qué soy un valiente por atreverme a escribir una novela? Pues parece ser que sí, aunque no por ello me libro de ese miedo. Antes al contrario.

¿Es cosa sólo de escritores? Ni en sueños. El papel, o la pantalla diáfana del ordenador no causan pavor a nadie, salvo a quienes se disponen a hacer algo que valga la pena. Entonces llamamos bloqueo a lo que una mujer sabia o un niño llamaría miedo.

Un ladrón llamado miedo

Y este miedo no se manifiesta solamente como bloqueo. Cuando uno adquiere la práctica de escribir, o de crear, es poco probable que no le salga una palabra, pero el miedo sigue ahí y tiene sus consecuencias. Déjame compartir algunas que he experimentado en mis carnes y de las que he oído quejarse a otros.

Si no lo hago, no me puede salir mal

El no intentarlo, desde luego, es la más grave de todas. Las sufren aquellas personas que se siente normales, o menos que normales, e imaginando que para escribir algo que merezca la pena hace falta estar inspirado por el Espíritu Santo o ser un genio, deciden resignarse a una vida de mero espectador. Esa vida puede ser maravillosa, si el espectador es capaz de disfrutar con lo creado por otros. Pero para muchos de nosotros esa vida no nos satisface, necesitamos crear como comer, tenemos vocación de artista. A esas personas resignarse a no intentarlo les mata. Esto le puede pasar hasta al autor más famoso. Imáginate al escritor consagrado que llora por dentro por ser escultor o interpretar a sus personajes -o a otros- sobre las tablas del teatro. Seguro que uno tiene que especializarse y todo eso, pero nada es excusa para evitar divertirse con los amigos de la agrupación local o garabatear con unos lápices.

¿Y si me sale mal?

La segunda es el terror al folio el blanco y el bloqueo del escritor, que ocurren de ordinario en los dos extremos de la creación: cuando estamos empezando y cuando estamos a punto de terminar. La primera la he conseguido dominar jugando, con la misma actitud de un niño de doce años. Se trata de tener un plan muy nebuloso y empezar a esbozar la obra pasándoselo en grande, intentando lo mejor de uno, pero sin preocuparse de anda más. La segunda me cuesta muchísimo más. ¿Tristeza de la despedida? ¿Fin del pequeño mundo que he estado construyendo? ¿Una clase de muerte? Puede, pero más me parece que es miedo al fracaso. Mientras estoy con mi obra la puedo mejorar, al finalizarla ya queda conformada. Y sí, se puede rescribir, y de hecho lo hago, pero sobre la base de esa estructura. Y sé que va a ser así y me duele aceptar que no he sido perfecto.

Son *mis* secretos

La tercera es el miedo al compartir. Es como aquello de no querer que vean lo que has escrito en tu cuaderno, no sea que se burlen de tí. Me ha pasado ahora en Sadneyel. Tenía la sensación de no haber escrito nada en todos mis años. Y sin embargo nada más tenía que dar un repaso a mi disco duro y salían cosas. Y con las cosas salían excusas: “bueno, pero es que ahora escribo mejor»… “ya no opino exactamente igual»… “tendría que repasar eso otra vez»… “quizás si leen lo que escribí entonces piensen que ya no puedo escribir otra cosa».

Chorradas.

El examen de sexto de primaria

Dentro de cinco años si sigo mejorando —y eso vendrá si sigo escribiendo — pensaré lo mismo de lo que ahora escribo. Yo lo llamo el síndrome del examen de sexto de primaria. Ese que te salió tan bien que lo guardas en tu carpeta con el diez del profesor bien reluciente en una esquina. Luego lo lees sólo tres años más tarde y casi que te avergüenzas. En realidad deberías alegrarte de hasta donde has llegado, pero a lo que vengo es a decirte que ante la duda es mejor publicar, porque esas obras son también parte de tu vida y si a tí, al menos a tí, emocionaron en su momento a otras personas también podrá emocionar.

Estrellas lejanas

La cuarta es el no atreverse a alcanzar las estrellas. Es el “a mí me gustaría escribir un Espartaco pero es que es una historia demasiado grande para mí». También el “quisera tratar profundamente del tema del amor y de la muerte, pero bueno es que es sólo literatura juvenil y a lo mejor se me aburren, mejor hago algo de vampiros que está de moda y trato las dos cosas así sin que se note mucho». Y el más pernicioso de todos consiste en “¿Arte? ¿Cuidar cada frase?… Bueno, un poco sí, claro, pero, o sea que es complicado, me puede salir muy mal y si me sale mal será peor, mejor me quedo con un lenguaje cercano y simple y nadie me puede decir que está muy mal».

Ni muy bien, idiota. Ese idiota también va por mi. No se hacen pactos con el Miedo, no se habla con la Resistencia. Te la cargas. Haces lo mejor que puedas y se acabó. Y si sale mal, pues la vida es triste, te levantas, lo vuelves a intentar con lo que has aprendido y llegas. Pero el que no quiere caer nunca, jamás se levantará del sillón. Ya hay demasiados libros blandengues por el mundo. ¿Qué te sale uno insulso? Pues mala suerte. Pero no lo hagas aposta, o te traicionarás.

Una vía de solución

La ocupación principal de este artículo era señalar al miedo y sus consecuencias. Como enfrentarse a él requeriría un libro largo. Sin embargo no me resigno a dejaros sin algunas ideas para que podáis atrapar a este ladrón roba-sueños.

Un método de productividad

El error de muchos artistas, perdón de los aspirantes, es creerse que no necesitan organización o incluso que la organización matará la frescura de su inspiración. Al contrario, tener un plan, aunque sea flexible, te permite orientar tu obra y distribuir los tiempos. Al mismo tiempo consigue que tu vida diaria y tus otras obligaciones no obstaculicen tus ansias de crear sino que te apoyen a ello.

Una actitud juguetona

El adulto creativo es el niño que ha sobrevivido. ~Úrsula K. Leguin

La creación es sólo uno de los tipos de juegos de los niños. Es más, pasada la edad más temprana, se puede decir que la imaginación está en todos los juegos de los niños. Incluso en el mismo fútbol. Asumir esa actitud de juego nos permite dejar que la imaginación fluya con rapidez, y dejarnos sorprender por las ideas que surgen, sin intentar dominar ni imponer nuestra voluntad a la magia. Y entonces es cuando la magia surge.

La resolución apesarde

Esto es, que harás las cosas “A pesar de». A pesar de que no me ha salido perfecto. A pesar de que podría revisarlo otra vez más. A pesar de que hay personas que podrían haberlo hecho mejor. A pesar de que otras ya lo han hecho. A pesar de que poca gente se interese por lo que tengo que decir. A pesar de que “no haya mercado». A pesar de que sea raro. A pesar de que sea invierno. A pesar de que tenga miedo. A pesar de que sea muy joven. A pesar de que sea muy viejo. A pesar de que esté en una edad media. A pesar de mis a-pesares, voy a terminar y voy a publicar y más vale que nada se ponga en mi camino porque va a acabar aplastado.

Kaizen

Recuerdo que cuando comencé a hacer ejercicio, “sabía» que iba a fracasar. Usé entonces un método que apenas empezaba a conocer: el kaizen. La cosa supone mejoras muy pequeñas que vas luego agrandando muy poco a poco. Las mejoras son tan chicas que el miedo no se entera, no les da importancia y las deja pasar. Pero poco a poco te van mejorando por dentro. Y cuando se quiere dar cuenta, al miedo le ha pasado su oportunidad.

Aún así no fue fácil. Cuando se está muy gordo hacer ejercicio da miedo. Desde hacer el ridículo hasta morirse, todo pasa por uno cuando se pone a correr. Pero al hacerlo a pocas dosis es posible alcanzar muchas pequeñas victorias que te demuestran la falsedad fundamental de todos esos miedos. Vamos, que son mentira cochina.

Te propongo el mismo método para crear. No empieces con una novela, o una serie de treinta y ocho capítulos, o una novela gráfica. Haz un haiku. O un corto de un minuto, rodado con el móvil y un amigo, o sin amigo y deja el móvil grabando. O dibuja una viñeta. Y luego publícala. Y verás que el mundo no se cae y quizás hasta a alguien le guste.

Os envío al mundo

Os toca. Perded toda esperanza, ni yo ni nadie va a escribir, pintar, actuar o rodar por vosotros. Tampoco nadie va a hacer vuestra aportación a la política o a la ONG local. No se puede. Yo no soy ninguno de ustedes, ni de ustedas, si me perdonáis la broma. Por eso es tan urgente que os atreváis, porque si no os atrevéis el mundo, y yo, os habremos perdido y vuestra especial alma jamás tocará nuestras vida, ni nos hará mejores.

Os toca. Enseñadnos. Hacednos felices, o hacednos llorar, pero hacednos algo, para que nunca estemos sin la compañía de vuestro corazón.

Recomendados

post antiguo rescatado


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¿Cuál es tu sueño?

CC Severin Sadjina

Sabia mi o tu vida?

Cuando se tiene un blog con el nombre de SabiaVida se supone que uno debe inspirar a los demás. Con esa responsabilidad uno puede llegar a pontificar sobre lo que es bueno y malo, hasta el extremo de dictar a los otros cuáles deberían ser sus sueños. Habitualmente la ofensa en más liviana, pero más insidiosa, sin darse uno cuenta, sólo por aquello que comparte puede llegar a implantar en los demás sueños que les son extraños.

Repito que no creo que todo el mundo deba ser funcionario, ni empresario, ni empleado ni autónomo, ni una especie de buscavidas. Eso debes decidirlo tú en tu corazón y en tu mente; en las dos cosas, que para eso las tienes. No tienes por qué escribir nada; ni siquiera llevar un blog para triunfar: si lo sabes hacer dominar algo como facebook puede ser suficiente. Pero todo esto es secundario.

Meditar

Lo que me gustaría hacer es dedicar tiempo con frecuencia a reflexionar sobre mi/s sueño/s y ver si son compatibles entre sí (Mamá quiero ser austronauta, futbolista y médico) y definirlos bien. No es lo mismo querer ser un «buen escritor» que «escribir una novela» o «vivir de la escritura». Para ser buen escritor se necesita esfuerzo y dedicación, para escribir una novela poco más que lápiz, papel y algo de organización, pero vivir de la escritura es otro costal que seguramente te obligará a escribir lo que el público quiere pagar y quizás no lo que tú quieras contar.

Un mundo en cambio, como el mar

¿Por qué con frecuencia? Porque nuestro mundo cambia con frecuencia y porque las influencias y nuestros conocimientos cambian también. Vivimos en un mundo de agua; nuestros padres podían asentarse en tierra sólida, nosotros parece que debemos vivir en barcos. Ya no somos arquitectos que deciden de una vez para siempre el plano magistral para levantar la casa. Somos más bien capitanes de un barco que queremos llevar a nuestros sueños, pero por el camino que el mar hace posible.

De lo contrario lo que pasará será lo siguiente. Leeremos un blog, veremos un programa por la tele, alguien nos hablará o nos toparemos con un libro que nos proponga otra manera de vivir. ¿Buena o mala? ¿Cómo saberlo si no tenemos criterio? ¿De qué te valdrá ser millonario si tú lo que necesitas es ser poeta y lo que tienes que hacer para ser millonario no te deja lugar para la poesía? Y luego, meses después otro libro u otra moda y otra más.

Procura primero descubrir cuáles son tus sueños. Haz tiempo para ello: deja de hacer cosas que ocupen ese tiempo y ocúpate de lo más importante.


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Cómo ser feliz si los planes descarrilan

CC -Frank Juarez

## La vida zombi

Hace mucho, mucho tiempo, cuando este blog era joven y hermoso, publiqué un artículo titulado [¿Vives la vida zombi?](/¿vives-la-vida-zombi/). En él hablé de los perniciosos efectos del virus zombificador, que resulta de aferrarse demasiado a las cosas, a las experiencias o a las perspectivas; sería, como, por citarme a mí mismo…

> Pue­des estar viviendo en un mundo que ya no existe. Luchando la gue­rra que no es, como los Fran­ce­ses, per­fec­ta­mente pre­pa­ra­dos en 1940… para la primera gue­rra mundial

## La mini-vida zombi

El tono de mi artículo daba a entender de que tenemos que estar atentos a los grandes cambios de la vida. No es de extrañar, entonces estaba atravesando por grandes cambios, y mi post estaba tan dirigido a mis lectores como a mí mismo. Últimamente mi vida es más previsible

—¿no querrás decir aburrida?

—no, quise decir previsible. O mejor aún…

—aburrida

—no, constante. Por ahora, la crisis me ha dejado tranquilo toco-madera-muchas-gracias.

Y sin embargo hay momentos en los que caigo en mis momento zombi. Sucede cuando tenía planeado hacer una cosa y me resulta otra. Es mi sobrina —tío, ¿me puedes dar clase de inglés?. Es la bendita internet que va lenta, o es simplemente que me sentaron mal las lentejas y no tengo ganas de escribir, y entonces tengo que rezar y luego coger la bicicleta y todos esos hábitos mecha-chupe-guay de la muerte de los que tanto presumo y me siento ahogado.

## Agua

Es momento de fluir, como el agua. A veces los seres humanos nos acostumbramos a ser un tren y si las vías se rompen nos entra el pánico. No de correr en círculos agitando los brazos, que eso da mucha vergüenza, pero sí de sentir un desagradable sinsabor con nosotros mismos. Como si pudiéramos dominar el mundo, o incluso como si debiéramos hacerlo.

Pero no somos un tren, ni siquiera somos un río; no hace falta que sigamos un cauce sólo porque esa sea nuestra costumbre. Los seres humanos somos como el agua, capaz de adaptarse al mundo, fundirse con el barro, evaporarse si es necesario, para ser aire y respirar y seguir siempre adelante.

Los planes están bien, nos guían, nos simplifican el mundo y nos ayudan a decidir más rápido y todo eso, pero recuerda que no eres un tren, que tenga que seguir las vías. Eres más bien como el niño que corre junto a las vías; cuando éstas se acaban, cierra los ojos, respira, sonríe, vuelve a mirar y descubre una [nueva aventura](http://valedeoro.es/querer-hacer).


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Ojos de kaizen para estudiantes

CC Alan Cleaver

¿Y qué es el kaizen? ¿Quieres la definición aburrida? ¿La que repiten un montón de blogs sin parar para venderte libros de kaizen?

Pregunta tonta.

Vamos a la que a mí me vale:

Kaizen: Actitud contínua de mejoras sistemáticas que…

Vale un rollo, a ver si me sale mejor

Kaizen: es mejorar poco a poco, todos los días y siguiendo un plan. Y ese plan se elabora con la experiencia de otras personas que llevan toda la vida haciendo kaizen.

Mucha gente se piensa que kaizen es hacer un “evento kaizen” y mejorar todo lo posible un par de días y luego te vas olvidando hasta la siguiente vez. Es normal porque las mejoras se suelen hacer así, pero el kaizen es diferente. Es poco a poco, pero o es todos los días o no es kaizen.

Y luego hay que seguir un plan. ¿Qué plan? Bueno, no es tan complicado

1- Descubrir que va mal

2- Proponer una mejora sencilla

3- Aplicarla

4- Documentarla y Compartirla

La parte más difícil, me parece a mí, es descubrir que va mal. Bueno, al principio es muy fácil, porque siempre hay muchas cosas de las que la gente se está quejando todo el tiempo. Si eres estudiante seguro que te das cuenta de que hay cosas que te salen mal o incluso y,

esto es lo más importante,

de los errores que cometes en tu forma de trabajar. No sé, ¿a lo mejor eres de los que subrayas todas las palabras del libro? ¿de las que no repasas? En fin, tú sabrás, y si no sabes tú pregunta a un profesor, que estará encantado de repasarte a tí.

Empiezas con el kaizen tan feliz, consigues esas mejoras, sientes que has ganado un campeonato del mundo y… ¿luego qué? Pues luego tienes que empezar a mirar con gafas de kaizen, porque ya los defectos no son tan obvios.

Veamos una lista breve de algunos defectos muy comunes:

a) defectos de programación

Es cuando no anotas los deberes o los escribes mal: por ejemplo pones “Trabajo de Ética” y piensas que no se te olvidará que tienes que hacer un comentario del libro “Ética a Nicómaco” pero te olvidas y acabas haciendo un comentario a “Ética a Amador” que es otro libro. Mal rollo.

Es cuando no apuntas bien lo que tienes que estudiar o lo que no tienes que estudiar y luego ves que nadie en clase sabe el tema 4, que repasaste seis veces y que no entraba en el examen.

Como estudiante de primaria, es relativamente sencillo programar bien. Basta seguir lo que diga el maestro, pero siempre hay que anotar lo siguiente:

Trabajo de Ética: Comentario del libro “Ética a Nicómaco” respondiendo a las preguntas del libro de ética de la página 34 | Terminar antes del día 5 de Mayo de 2012

Como ves sólo se trata de anotar concretamente lo que hay que hacer. Ya sabes cuál es tu proyecto. Si es un proyecto muy complicado ahora puedes dividirlo en tareas pequeñas. (Conseguir el libro, leerlo, subrayarlo, contestar las preguntas, pasarlo a limpio).

b) Defectos de organización

Esto puede ser porque:

Situar necesarios: -no tienes las cosas que hacen falta para trabajar, o las tienes muy lejos.

Separar innecesarios: -muy común: tienes cosas en tu mesa de trabajo que no sirven para trabajar, y lo que no ayuda distrae.

Suprimir suciedad: -peor que innecesario, es todo lo que estorba y fastidia, pero sobre todo polvo y mugre.

c) Defectos de objetivos

Es cuando te conformas con menos de lo que la gente merece o de lo que tú mereces hacer. Sucede porque no te respuestas suficientemente a tí mismo, o no respetas a los demás, incluyendo padres, compañeros y profesores.

Es como una tienda que no respetan a los clientes, o un cocinero que no respeta a sus comensales; o un deportista que no respeta a su equipo. Estos nunca pueden ser buenos porque ni siquiera lo intentan.

Antes de entregar un trabajo preguntáte: ¿estoy orgulloso de eso? ¿qué dice de mí? ¿se merece mi clase que haga eso? ¿y mis padres? Si los deberes se vendieran, ¿me los compraría alguien?

No voy a decir que tu tarea eres tú, porque es mentira. Pero es una mentira que la gente se creerá. Y lo peor, que tú también te acabarás creyendo. Al final, aprendiendo a respetar a los demás aprendes a respetarte a tí mismo. Si mejoras cualquier tarea, por pequeñita que sea, acabas mejorándote a tí mismo, y a tu familia y a tu país, incluso al mundo, aunque sea en algo pequeño.

Peligro: Perfeccionismo.

El perfeccionismo es cuando perdemos el tiempo en mejoras extraordinarias que no sirven para nada. Por ejemplo, no hace falta que hagas tu apuntes en pergamino y con letra gótica. Con que estén limpios y se entiendan vale. Tampoco hay que llenar todo de dibujitos, ni pasar mil horas buscando el tipo de letra perfecta.

Piensa para que sirve cada cosa; todo lo que se salga de eso es innecesario. Por ejemplo un cuchillo de cocinero debe ser cómodo, seguro, con un filo que corte muy bien sin trabarse con nada y un acero con el temple justo, que no se rompa ni se melle. No tiene porque tener piedras preciosas ni adornos de oro.

Lo mismo tus deberes. Haz tu sumas con letra clara, que se entienda, con las líneas rectas y amplios espacios en blancos: pero no hace falta que escribas en letra inglesa ni hacer florituras raras.

La próxima vez

Con esto terminamos esta segunda parte; en la próxima seguiré desarrollando esta línea.


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Cocina para cuatro

CC Stehpanie Kilgast

Cocinar para uno mismo es un disparate.

Me refiero a que uno se levanta con el tiempo justo para trabajar y vuelve a casa siempre algo tarde. Lo lógico es que uno se sienta perezoso.

Todavía si uno tiene más bocas que alimentar te espabilas un poco; especialmente si esas bocas son pequeñas, feroces y te tienen pillado el corazoncito.

Pero si vives solo o sola, lo fácil es lanzarse al sofá, bien provistos de un arsenal suicida de comida basura. Con el tiempo acabarás más perezoso, gordo en un cincuenta por ciento de los casos (en el otro cincuenta, gorda) y con remordimientos.

¿Mi solución? Cocínate para cuatro.

Porque:

  1. Tardas casi lo mismo. Hay que buscar los ingredientes, cortarlos y mezclarlos; preparar el horno, la sal, los condimentos; seguramente echarle un vistazo a la receta. ¿Acaso se tarda más en comprar un kilo que dos? Los tiempos de cocción aumentan un poco con el tamaño de la receta, cierto, pero no significativamente. (Sobre todo si usas una olla a presión).
  2. No es eficiente, por tanto, cocinar para una persona sola.
  3. Hay pocos libros de recetas escritos para una sola persona (Adaptarlas es complicado, si una receta para cuatro personas incluye un huevo ¿qué se hace con un cuarto de huevo? Además muchas veces los electrodomésticos necesitan una cantidad mínima de producto para trabajar bien).

Una revelación: el congelador

Y esa revelación de descubrir el mediterráneo es que puedes congelar tu comida ya cocinada. Y esta es la idea: puedes cocinar una vez y comer cuatro veces, sin merma de tu salud ni de tu autoestima.

Algunos consejos

  1. Congela en porciones equivalentes a un plato. Pilla lo que te sirves normalmente; lo pones en uno de esos recipientes de plástico con cierre de seguridad. (Vamos un tupper). Nada más. Los recipientes pequeños ocupan poco espacio, se organizan mejor en el congelador y descongelan más rápido. Además, poniendo justo lo que vas a comer te garantizas que no vas a comer de más, luego.
  2. El gazpacho. (Esto es para el verano) Incluso los que se compran son una buena opción, pero si hay que preparse pues nada una batidora y adelante. Tardas lo que el microondas en calentar el tupper.
  3. Una lista de compras estándard. Mantén una lista de lo que compras normalmente y vete cancelando a lápiz según compras. Si no sabes muy bien repasa las facturas del supermercado o pregunta a tu madre o a esa señora del quinto, ama de casa de profesión.
  4. Hazte amigo / amiga de esa señora del quinto. En serio, y del carnicero y de ese chico que trabaja en un restaurante; ya verás todos los trucos que sacas. (O directamente comida, vale no lo quería decir, pero es verdad).
  5. Cocina en lotes. Hay quien recomienda cocinar un día entero para todo el mes, pero a mí eso me parece exagerado, además de que necesitas un congelador gigante, con precio y consumo eléctrico gigante. Pero si cocinas un día para cuatro veces, en poco tiempo tendrás un verdadero menú listo en tu congelador, para combinar según desees. Y sí, muchos días no tendrás que cocinar.
  6. Ten el hábito de abrir el congelador a primera hora. Escoge lo que te comerás y sácalo para que te espere decongelándose. (Sí, los microondas descongelas, pero a mí me gusta más el método tradicional).
  7. Prepárate tus propias ensaladas. Las venden hechas, sí, pero a precios no aptos para crisis, ni ningún otro tiempo. Una ensalada se prepara tán rápido que no merece la pena el coste extra. ¡Ah!, y cuidado con las salsas, según los ingredientes pueden convertir a tu ensalada en una bomba de calorías.
  8. Una salsa de ensalada rápida que a mí me gusta. Yogurt + Menta (Hierbahuerto) y/o otra especia como comino+ Batidora.
  9. Prepárate tus propios zumos. (Y cuidado con lo que viene en tetrabricks, los hay que engordan más que un refresco).
  10. Lee las etiquetas. (Anuncios hablar con lengua de serpiente) No es saludable sólo porque se llame "Saludín Saludón te da salud un montón" -producto que espero no exista-. Lee la letra pequeña. Te sorprenderá los líquidos anaranjados que algunos empresarios llaman, y cito, "puro zumo de naranja".

En resumen,


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