Publicado en realización personal

Infantil

Duele que te digan infantil con once años. En parte porque sabes que, en un poquito, tienen razón. Protestas y los ojos se te llenan de lágrimas.

Duele que te digan viejo con cuarenta y un años. En parte porque sabes que, en un poquito, tienen razón. Protestas y te llevas la mano a las sienes para disimular las canas.

Pero luego puedes pensar que un águila no llora porque sus alas no tengan dedos, ni el oso se preocupa de ser una bestia enorme y solitaria. Son así y usando todo lo que tienen son felices.

Quizás lo malo sería que te llamaran infantil con cuarenta y un años, o viejo a los once. Y lo divertido es que a los once se imita a los viejos y a los cuarenta y uno, a todos, nos queda un poco de infantil. A mí me queda y espero que sea la parte buena del lote.

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