Publicado en productividad

¿Cuándo hay que abandonar?

Mirad, pensé en hacer una traducción de un artículo de Nick Cernis, titulado algo así como “La importancia de abandonar la basura”.Pero luego, no sé si influído por este artículo precisamente, cambié de idea. En vez de eso, voy a aprovechar sus palabras para construir el mío propio.

Todos hemos observado la mosca que intenta atravesar la ventana a base de cabezazos. Sabemos muy bien que fracasará, ya lo intente las veces que quiera. Aquí la obstinación no sirve de nada y querer, se siente, no siempre es poder.

Por otro lado, también sabemos lo fácil que es abandonar a la mínima. Parece ser el pecado de nuestra época, que los niños no estudian y los trabajadores no trabajan. Y puede que hasta sea verdad.

¿Así que cuándo dejarlo? ¿Cómo saber si uno está siendo pusilánime o tozudo?

algunas ideas:

Escucha no sólo lo que te dicen, sino por que te lo dicen.

Un compañero de la clase de canto puede preferir que te quedes por disfrutar de tu compañía. O porque le da apuro decirte que desafinas como una vaca. O porque el fracaso se ha convertido en el tabú de nuestro tiempo.

Al revés pueden animarte a abandonar, de forma sibilina por razones puramente personales. Desde la sempiterna envidia, hasta porque no te soportan a su alrededor.

En tiempo de tormenta, no hacer mudanza.

Cuando se acumulan los problemas es el peor momento para tomar decisiones. Esta regla, que se encuentra en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, se refiere originalmente a los estados del alma. Venía a decir el maestro de espiritualidad que cuando uno se encuentra agitado sicológicamente no debe apartarse de su camino.

En otras palabras, que nadie debe meterse a cura cuando le acaba de abandonar la novia.

Ahora bien, esta regla es más difícil de aplicar en la práctica de lo que parece. Y es que cuando estamos inmersos en un proyecto imposible el mismo estrés producido por los fracasos repetidos nos coloca en esta situación. En este caso lo importante no es procrastinar, no es “dejar para luego la decisión” suponiendo que el estress se va a ir por sí sólo, sino pararse, hacer una buena reflexión y comprobar si existen razones objetivas para abandonar el proyecto.

Veréis las dos decisiones más difíciles de mi vida fueron capeando dos tempestades. La primera cuando decidí no “repetir curso” en el postulantado salesiano. La segunda cuando tuve que abandonar mi puesto de educador en un centro de menores. En el primero de los casos estoy convencido de que fue la mejor decisión, con perfectos momentos de retiro espiritual incluído. En el segundo caso, la verdad es que me tuve que arriesgar a tomar una mala decisión, rompiéndoseme el alma. Si hubiera estado trabajando con vacas, en vez de con niños y jóvenes hubiera podido esperar, pero creo que ante mi incapacidad para manejar la situación, no supe encontrar otra salida. ¿Fue acertado? Nunca lo sabré.

Os digo esto para que entendáis que la vida es siempre compleja y manejar las emociones es difícil, aún estando avisado. Por eso, siempre que sea posible, buscad un remanso de paz en medio de las tormentas. Si hace falta, pide ayuda, los sicoólogos se inventaron para algo.

Pon límites definidos antes de llegar a la crisis.

Precisamente por la dificultad de manejar las tensiones y las emociones en una crisis, es importante que definas los límites. Pongamos que tengas un blog. Un límite podría ser “Abandonaré este blog si nadie comenta en 10 posts seguidos”. O, “Dejaremos de producir esta máquina si las ventas caen por debajo de 5 unidades a la semana”. O “dejaré la carrera si no apruebo ninguna asignatura este año”. O lo que sea.

Lo importante es que queden claras antes de la crisis. No durante la crisis.

Obviamente estos límites se pueden cambiar. Por ejemplo con el tiempo te darás cuenta que el éxito de un blog no se mide simplemente en visitas o el número de comentarios. Quien comenta y cómo comentan, es más importante. Lo mismo pasa en cualquier medio

¿Sigue cumpliendo algún objetivo?

Un límite claro son los objetivos. Todo proyecto debe ayudar a progresar en, al menos, un objetivo. Y, a ser posible, debe ser la mejor opción para alcanzar uno o varios objetivos. Si ya sabes que no vas a conseguir ser pintor, pero te lo pasas bien en clase de arte con tus amigos, pues ya puede merecer la pena. Si todo es un tostón y todo el mundo sabe que no vas a progresar más…

¿Le importa a alguien?

Incluído tú, especialmente tú. Un blog que nadie visita puede ser un diario personal genial, pero si ni a tí te interesa. Sé honesta, vamos. ¿Qué proyectos ya no te interesan a tí y sólo los haces por inercia? Piénsalo.

Antes de abandonar.

Aseguráte que lo has intentado todo.

Si es por falta de formación, fórmate.

Si no sabes donde está el problema, organízate1cache.

Si no encuentras solución, pregunta, que es mejor parecer tonto que serlo.

No lo dejes para luego.

Abandona o sigue adelante. Haz lo que te dé la gana, pero por amor a Snoopy bendito, toma una decisión. Las consecuencia de no hacerlo como dice Nick Cernis en su artículo, citando a Godin, es ir arrastrando una rémora que te impide llegar a hacer nada que merzca la pena.

8 comentarios sobre “¿Cuándo hay que abandonar?

  1. Todos somos un poco tercos.. O nos encaprichamos con las cosas.. Por ese de poner limites o indicadores antes de la crisis me parece genial.. Felicidades por to blog

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  2. Gracias por tu valioso aporte. Todos abandonamos, pero abandonar es soltar algo y soltar te permite recibir algo nuevo, ampliar tus horizontes, la vida es permanente soltar y recibir, eso es lo que la hace divertida, su dinámica. Hoy aquí, mañana no sabemos. ´Los tiempos nuestros no son los de Dios. No te pongas límites tan estrictos. Gracias a Dios por ti. DTB

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